{"id":2300,"date":"2021-02-24T15:17:21","date_gmt":"2021-02-24T15:17:21","guid":{"rendered":"http:\/\/taipeirevista.com\/?p=2300"},"modified":"2021-02-24T15:20:57","modified_gmt":"2021-02-24T15:20:57","slug":"historias-de-la-transpiracion-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2021\/02\/24\/historias-de-la-transpiracion-segunda-parte\/","title":{"rendered":"Historias de la transpiraci\u00f3n (Segunda parte)"},"content":{"rendered":"\n<p>Esta vez el calor se me peg\u00f3 en el cuerpo y me puso a divagar. En vez de encontrar una estructura a la que aplicarme y construir, no puedo m\u00e1s que asumir disparadores en busca de un sentido. Como el cuerpo, el cerebro tambi\u00e9n funciona a fallas y es dif\u00edcil quedarse sentado en la computadora m\u00e1s tiempo del que dura un p\u00e1rrafo. Tal vez exagero, o justifico este texto compuesto de minitextos incapaces de mantener el pulso. Pero de eso se trata.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1021\" height=\"767\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/01.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2307\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/01.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2307\" class=\"wp-image-2307\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/01.jpg 1021w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/01-300x225.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/01-768x577.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1021px) 100vw, 1021px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"765\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02-1024x765.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2308\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2308\" class=\"wp-image-2308\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02-1024x765.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02-300x224.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02-768x574.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/02.jpg 1027w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>The Year My Voice Broke <\/em>(John Duigan, 1987)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Empiezo por Australia, porque por alg\u00fan lado hay que empezar; mientras haya romance y c\u00e1mara, el resto se inventa solo.<em> The Year My Voice Broke<\/em> es el arranque de una trilog\u00eda sobre los amores tempranos que se qued\u00f3 en d\u00edptico. Adornado como melodrama que se precia de tal, y con el calor de un pasado nost\u00e1lgico, le saca unas veinte cabezas al <em>Summer of 42<\/em> de Robert Mulligan, porque no hace estudio sino poes\u00eda, y la escribe con la tinta que le sobra al mondongo. Ah\u00ed donde una recorta los bordes y cuida los detalles, la otra mete pedazos de le\u00f1a que sobresalen de la parrilla. Dale a Duigan corazones lozanos, una monta\u00f1a silenciosa y una casa con fantasmas y se te mete en la cama con medias y todo. <em>Flirting<\/em>, que es la continuaci\u00f3n, no est\u00e1 tan buena, aunque tiene a Nicole Kidman y a Naomi Watts en su segundo papel acreditado. No est\u00e1 tan buena porque le sobra un poco de guita y compra adornos innecesarios. <em>The Year My Voice Broke<\/em> tiene mejor t\u00edtulo, representa una etapa de la vida humana menos repelente y baila con la m\u00e1s fea. No lo digo por Loene Carmen, belleza silvestre del <em>outback<\/em> australiano, sino por la tragedia que ronda al pueblo, recuperada en <em>Flirting <\/em>reci\u00e9n sobre el final. Dicho de otro modo: <em>Flirting <\/em>es m\u00e1s parecida a Hollywood y <em>The Year My Voice Broke<\/em> al cine australiano de los 70: un energ\u00fameno extra\u00f1o con sed de poes\u00eda arrebatada y hormonal.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>John Huston es uno de los grandes directores de la transpiraci\u00f3n que dio Hollywood, no s\u00e9 c\u00f3mo no se me ocurri\u00f3 antes. <em>The Misfits<\/em> y <em>The Night of the Iguana<\/em> a la cabeza. Nadie que haya visto bailar a Ava Gardner a contraluz de la noche mexicana puede dormir sin revolcarse dos noches seguidas, as\u00ed como nadie que haya sudado con Marilyn en el desierto puede considerarse libre de pecado. Hay, por lo menos, dos ejemplos m\u00e1s: <em>The African Queen<\/em>, <em>Fat City<\/em>. La primera sirve para abrir todo un par\u00e9ntesis que incluye elefantes y a Clint Eastwood, y la segunda para abrir otro archivo y empezar a hablar de pel\u00edculas sobre boxeo. Vamos con el par\u00e9ntesis.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"611\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03-1024x611.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2309\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2309\" class=\"wp-image-2309\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03-1024x611.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03-300x179.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03-768x458.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03.jpg 1287w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"578\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04-1024x578.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2310\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2310\" class=\"wp-image-2310\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04-1024x578.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04-300x169.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04-768x434.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/04.jpg 1360w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>The Misfits<\/em> (John Huston, 1961) \/<em> The Night of the Iguana<\/em> (John Huston, 1964)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Par\u00e9ntesis: dos a\u00f1os antes de gritarle al mundo que muerto est\u00e1 quien se deja engatusar por el horizonte en <em>Unforgiven<\/em>, Clint agarr\u00f3 la novela de Peter Viertel y con un equipo heterog\u00e9neo de guionistas (Burt Kennedy, James Bridges y el mismo Viertel) hizo la adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica del detr\u00e1s de escena de <em>The African Queen<\/em>. La historia es conocida: al viejo loco de Huston le importaba m\u00e1s cazar un elefante que hacer una pel\u00edcula pero, como fue uno de los grandes, igual hizo una obra maestra. La de Clint (<em>White Hunter, Black Heart<\/em>) adapta la novela de Viertel (guionista, dicho sea de paso, de <em>The African Queen<\/em>) que se inspira un poco libremente en aquella experiencia traum\u00e1tica para cualquier productor de paso. Ac\u00e1 Huston se llama Wilson y el que pone la cara, obvio, es Clint. Sin terminar de sacarle el jugo a lo sudoroso de la materia (que es lo que nos importa ac\u00e1, aunque nos esforcemos por divagar), la pel\u00edcula planea sobre la figura de este Huston ficcional elevado a su condici\u00f3n de mito. Empieza con una voz en <em>off<\/em> que dice: &#8220;John Wilson. Un hombre violento aficionado a la vida violenta. Dicen que su vida salvaje se debe a su atracci\u00f3n por la autodestrucci\u00f3n. Esas opiniones siempre me han parecido inexactas. Por eso ten\u00eda que escribir esto sobre John. Un brillante cineasta con mal car\u00e1cter que violaba las leyes no escritas pero ten\u00eda la m\u00e1gica y casi divina habilidad de salir siempre airoso.&#8221; Eastwood, entonces, dedicar\u00e1 las casi dos horas de pel\u00edcula a materializar cinematogr\u00e1ficamente esta primera descripci\u00f3n. De todo este desglosamiento me interesan particularmente los di\u00e1logos (el m\u00e1s notable es el que va sobre Hollywood y su coraz\u00f3n negro, la industria y sus putas que te obligan a levantar la bandera de la derrota) y el aura de leyenda mundana, tan ajustado a Huston que no te queda otra cosa que orar por su alma.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Pero si hay que pensar en una de Clint que transpire la gota gorda, esa pel\u00edcula es <em>High Plains Drifter<\/em>. El cartel lo dice sin vueltas: <em>Hell<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/05-1024x426.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2311\" width=\"575\" height=\"239\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/05-1024x426.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/05-300x125.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/05-768x319.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/05.jpg 1359w\" sizes=\"(max-width: 575px) 100vw, 575px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>La venganza del muerto<\/em>, como se titul\u00f3 muy desatinadamente por ac\u00e1, se lleva puesto a todos los <em>westerns <\/em>de la venganza porque, como a su protagonista, parece chuparle un huevo todo. Llega al pueblo y cambia los roles a su antojo. Ofende al poderoso y empodera al inferior. Pero la mano que levanta no es arbitraria, aunque lo parezca: es la mano de la justicia de los hombres que desconf\u00edan de las palabras. No ser\u00e1 <em>Dirty Harry<\/em>, pero se le parece. Claro que despu\u00e9s Clint dota a su pel\u00edcula (y a su protagonista) de un sentido po\u00e9tico-casi-metaf\u00edsico que pone en entredicho la dimensi\u00f3n en la que se desarrolla la historia. Es decir, en el apote\u00f3sico tramo final no hay certeza sobre la que pararse. El \u00fanico que sabe de d\u00f3nde viene y hacia d\u00f3nde va es el fantasma de Eastwood.<\/p>\n\n\n\n<p>Clint, entonces y tambi\u00e9n, otro gran director de la transpiraci\u00f3n: desde las arriba citadas hasta el sudor belicoso de sus ejercicios de g\u00e9nero, pasando por su arquetipo gru\u00f1\u00f3n resquebrajado bajo el sol en <em>Gran Torino<\/em> o su cantante tuberculoso de <em>Honkytonk Man<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/06-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2312\" width=\"541\" height=\"304\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/06-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/06-300x169.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/06-768x432.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/06.jpg 1366w\" sizes=\"(max-width: 541px) 100vw, 541px\" \/><figcaption><em>Honkytonk Man<\/em> (Clint Eastwood, 1982)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>En <em>Suddenly, Last Summer<\/em>, Mankiewicz no se detiene a pensar en c\u00f3mo vender teatro en tiempos de cine: nos desborda y es desbordado por el texto de Tennessee Williams, am\u00e9n de una Elizabeth Taylor extraordinaria. Lo de transpiraci\u00f3n ac\u00e1 queda un poco de lado, o en puro t\u00edtulo. M\u00e1s que verano es infierno y m\u00e1s que transpiraci\u00f3n ac\u00e1 hay traumas, pesadillas y fantasmas. Mankiewicz saca provecho a todo esto porque ten\u00eda especial talento para los menesteres de la puesta en escena y una noci\u00f3n de lo formal que a pel\u00edculas como estas le ca\u00edan como anillo al dedo. \u00bfC\u00f3mo se explica sino la capacidad de cada plano para sostener los c\u00f3digos literarios en consonancia visual y sin volverlos obvios? Puesta en escena, ojo afilado. Mankiewicz domina el caos de su pel\u00edcula como cada personaje cree dominar el suyo propio y, como la ausencia de este caos (sin\u00f3nimo de locura, para el caso) es imposible, no puede desaparecer, pero s\u00ed puede mutar y contagiarse. Muerto el perro, dispersa la rabia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/07-1024x554.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2313\" width=\"582\" height=\"315\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/07-1024x554.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/07-300x162.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/07-768x415.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/07.jpg 1359w\" sizes=\"(max-width: 582px) 100vw, 582px\" \/><figcaption><em>Suddenly, Last Summer <\/em>(Joseph L. Mankiewicz, 1959)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>\u00bfExiste una banda sonora m\u00e1s espesa y calurosa que la que Ry Cooder hizo para <em>Paris, Texas<\/em>? Seguramente. Pero qu\u00e9 grande es Cooder. Y qu\u00e9 grande Harry Dean Stanton, homenajeado en luz final en aquella peque\u00f1a obra maestra de t\u00edtulo <em>Lucky<\/em>, y que viene al caso por sus litros de transpiraci\u00f3n tan bien derramados por su cuerpo mitol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/08-1024x429.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2314\" width=\"583\" height=\"244\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/08-1024x429.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/08-300x126.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/08-768x322.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/08.jpg 1363w\" sizes=\"(max-width: 583px) 100vw, 583px\" \/><figcaption><em>Lucky <\/em>(John Carroll Lynch, 2017)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Como <a href=\"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2020\/11\/04\/acuarela-de-cedron\/\">las manos de Cedr\u00f3n<\/a>, las de Harry Dean Stanton est\u00e1n llenas de esa vida plebeya que lo engrandece todo. Y en el Travis de <em>Paris, Texas<\/em> (Wim Wenders, 1984), estas manos que se\u00f1alan, se entrelazan y apuntan, representan una forma de contacto con el mundo resquebrajado que hasta entonces solo pod\u00eda contemplar. En <em>Lucky<\/em>, si se quiere, pasa algo similar. En efecto, el contacto inmediato con el mundo est\u00e1 en las manos pero, en vez de asentarse en \u00e9l, tocan para confirmar que a\u00fan siguen ac\u00e1. En 1987 Federico Moura cantaba &#8220;las cosas se alejan de m\u00ed, y es dif\u00edcil poder tocarlas&#8221;. Harry, como Federico, se estaba muriendo, y de eso va <em>Lucky<\/em>. En <em>Paris, Texas<\/em> elud\u00eda la muerte y buscaba reintegrarse a la vida a trav\u00e9s de una <em>road movie <\/em>de asfalto caliente en busca del sentido, que es a lo que toda pel\u00edcula de g\u00e9nero debe aspirar, no como f\u00f3rmula aprehendida sino como camino inequ\u00edvoco para dar pelea a los monstruos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10-1024x576.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2316\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2316\" class=\"wp-image-2316\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10-300x169.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10-768x432.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/10.jpg 1366w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09-1024x576.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2315\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2315\" class=\"wp-image-2315\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09-300x169.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09-768x432.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/09.jpg 1366w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Paris, Texas<\/em> (Wim Wenders, 1984)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:14px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"427\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-1024x427.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2318\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2318\" class=\"wp-image-2318\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-1024x427.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-300x125.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-768x320.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12.jpg 1364w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"427\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11-1024x427.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2317\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2317\" class=\"wp-image-2317\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11-1024x427.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11-300x125.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11-768x320.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/11.jpg 1365w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Lucky <\/em>(John Carroll Lynch, 2017)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>En el p\u00e1rrafo sobre Huston me olvid\u00e9 a prop\u00f3sito de <em>Under the Volcano<\/em>, porque quer\u00eda dedicarle uno entero. A \u00e9l y Lowry y a lo que aparezca en el camino, claro est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Under the Volcano<\/em> es, antes que nada, una cr\u00f3nica de la autodestrucci\u00f3n y, despu\u00e9s de todo, una mirada a los ojos del destino. Como <em>Saint Jack<\/em>,<em> Under the Volcano<\/em> tiene alcohol, exiliados y gente que no sabe a d\u00f3nde va. La diferencia con <em>Saint Jack<\/em> y con el libro es que la de Huston no es una obra maestra, e incluso puede se\u00f1alarse como una pel\u00edcula irregular. Pero es en esa irregularidad donde aparece la sustancia de la pel\u00edcula, donde ese calor vital del M\u00e9xico que retrata se abre paso ah\u00ed donde Huston parece flaquear. \u00bfPor qu\u00e9 sucede esto muchas veces en el cine que, todav\u00eda moderno, podemos forzar a entrar en el clasicismo? Pienso diferentes cosas, y de eso se trata este p\u00e1rrafo. Por un lado, en la relaci\u00f3n tironeante que hubo siempre en el cine entre mito\/fantas\u00eda y realidad\/credibilidad. Da la sensaci\u00f3n de que hubo un tiempo en que el cine no intentaba cubrir a su mito de tierra sino que lo dejaba respirar sin temor. Hasta que se instal\u00f3 la idea de realismo y la poes\u00eda qued\u00f3 relegada a ser le\u00edda solamente ah\u00ed donde el cartel indica &#8220;Poes\u00eda&#8221;. Por otro lado, el contraste es de prioridades: \u00bfQu\u00e9 es lo que de verdad importa? El resolutismo de escuela no est\u00e1 \u2014ni estar\u00e1\u2014 a la altura del valor dram\u00e1tico dictado por la intuici\u00f3n hija del talento. Lo que el mundo proyecta para que la c\u00e1mara lo absorba no es siempre igual de trascendente. Mejor dicho: puede o no serlo, seg\u00fan qui\u00e9n filme.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/13-1024x578.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2319\" width=\"554\" height=\"312\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/13-1024x578.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/13-300x169.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/13-768x434.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/13.jpg 1360w\" sizes=\"(max-width: 554px) 100vw, 554px\" \/><figcaption><em>Under the Volcano<\/em> (John Huston, 1984)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Este apartado cinematogr\u00e1fico anda herido de muerte: ah\u00ed donde el CGI vino a poner fin a las imposibilidades, algo se rompi\u00f3. Ahora que todo puede ser simulado y que la fe se cambi\u00f3 por certeza, el asunto carece de emoci\u00f3n. Estoy abusando de la generalidad y poniendo mis opiniones personales demasiado adelante. Tratar\u00e9 de ser m\u00e1s claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Bazin se\u00f1ala en &#8220;Ontolog\u00eda de la imagen fotogr\u00e1fica&#8221; que lo que hizo la fotograf\u00eda, secundada por el cine, es poner en entredicho la credibilidad de la imagen. Si no recuerdo mal, Bazin habla de &#8220;potencia de credibilidad&#8221;. El digital, con sus trucos de computadora y dem\u00e1s, proyecta \u2014y ya hizo realidad\u2014 un nuevo cambio en el ojo del espectador. La potencia de credibilidad de Bazin se transforma en su opuesto: incredibilidad. Se da por hecho que ese monstruo imposible o ese paisaje infernal no existen, que la c\u00e1mara nunca pudo haber fotografiado eso. Por eso dec\u00eda \u2014a t\u00edtulo personal, pero creo que sin caer en un divague de viejo vinagre\u2014 que la emoci\u00f3n es menos profunda. Cuando yo era chico \u2014y de eso hace relativamente poco: nac\u00ed en 1994\u2014 todav\u00eda se sosten\u00eda una sorpresa entre los espectadores del cine: &#8220;\u00bfViste eso?, \u00bfc\u00f3mo lo hicieron?&#8221;. Por una cuesti\u00f3n temporal, seguramente esas frases escuchadas durante mi infancia correspondan ya al periodo digital, pero a los primeros pasos, que todav\u00eda no hab\u00edan terminado de pinchar la pi\u00f1ata. Antes debi\u00f3 haber sido todav\u00eda m\u00e1s radical. Pienso en el arranque de <em>Rebecca <\/em>(Alfred Hitchcock, 1940), pero ejemplos hay para mermelada. \u00bfC\u00f3mo hizo esa c\u00e1mara para pasar entre las rejas? Hoy esa sorpresa es simplemente imposible. Incluso aunque el director a cargo se valga de piruetas f\u00edsicas propias del circo. El espectador ya da por hecho que toda acrobacia est\u00e1 &#8220;hecha en la computadora&#8221; y m\u00e1s que sorprenderse se relame \u2014cuando es el caso\u2014 por una imagen imposible. Por eso el cine ha perdido relieve f\u00edsico, cosa que <em>Under the Volcano<\/em> tiene en primer plano \u2014vieron que me fui lejos pero volv\u00ed\u2014 y que termina por tener valor propio aun cuando tenga falencias. Porque el cine se juega tambi\u00e9n en las costuras, en la carne y en las manchas. Y ser\u00e1 por eso que me gusta tanto la melancol\u00eda veraniega cinematogr\u00e1fica que no rinde pleites\u00eda a la realidad y dice gr\u00faa donde el antag\u00f3nico dice <em>drone<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Melancol\u00eda veraniega: desde el Michele de Nanni Moretti hasta la Sharon Tate de Margot Robbie, y sin olvidarnos de la fuente que es el coraz\u00f3n del pueblo en <em>Call Me By Your Name<\/em>. <em>Ecce bombo<\/em>: <em>I vitelloni<\/em> baraja y da de nuevo; esta vez es una mano m\u00e1s absurda todav\u00eda, y los cuatro muchachos de Moretti lucen y encarnan la desolaci\u00f3n. La de Guadagnino es menos absurda en la superficie, pero en el fondo es una historia de amor y \u2014cualquier enamorado lo sabe\u2014 pocas cosas hay m\u00e1s absurdas por explorar en esta vida. Las tardes a orilla de la pileta, las noches colmadas de grillos, la fuente de la plaza en la que la c\u00e1mara sienta las bases: todo en <em>Call Me By Your Name<\/em> es melancol\u00eda veraniega. Como todo <em>flashback<\/em>, pone la luz donde se le antoja y oscurece incluso donde sobra sombra. La Sharon de Margot no se queda atr\u00e1s, y Tarantino lo subraya con la \u00fanica voz en <em>off <\/em>de la pel\u00edcula. Esta es una melancol\u00eda rabiosa inmersa en una pel\u00edcula rabiosa. Porque a Tarantino no le sale ser galante ni cordial. En <em>Once Upon a Time in Hollywood<\/em>, el parlamento de la voz en <em>off <\/em>funciona como inhalaci\u00f3n final. Queda el \u00faltimo tramo y lo va a transitar entre porro y escabio, mientras en nuestra cabeza sigue sonando la voz de Jos\u00e9 Feliciano entonando las estrofas de ese himno universal que es &#8220;California Dreamin'&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-3 is-cropped wp-block-gallery-5 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"643\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14-1024x643.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2320\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2320\" class=\"wp-image-2320\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14-1024x643.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14-300x188.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14-768x482.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/14.jpg 1221w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"546\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15-1024x546.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2321\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2321\" class=\"wp-image-2321\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15-1024x546.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15-300x160.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15-768x410.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15-1536x819.jpg 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/15.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"426\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16-1024x426.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2322\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2322\" class=\"wp-image-2322\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16-1024x426.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16-300x125.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16-768x319.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16-1536x638.jpg 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/16.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Ecce bombo<\/em> (N. Moretti, 1978) \/ <em>Call Me By Your Name<\/em> (L. Guadagnino, 2017) \/ <em>Once Upon a Time in Hollywood<\/em> (Q. Tarantino, 2019)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Melancol\u00eda veraniega Bis o Juventud Divino Tesoro. \u00bfO es nostalgia? <em>Estate Violenta<\/em> tiene la fuerza de todas las citadas en el p\u00e1rrafo anterior, porque es un melodrama de la escuela de Raffaello Matarazzo con implicancia social (unas gotitas de neorrealismo) y no esquiva la bala del absurdo.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera gran pel\u00edcula de la acotada carrera de Valerio Zurlini es puro lenguaje cinematogr\u00e1fico: planos-contraplanos subrayados de forma deliberada, fueras de campo desoladores, gestualidad desbordada, movimientos de c\u00e1mara sutiles, iluminaci\u00f3n sugerente, acci\u00f3n en la profundidad del campo, racord orientado por el sentido narrativo. Y la m\u00fasica ah\u00ed, en primer plano, presta a moldear la emoci\u00f3n de su presente.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de verano de este Zurlini modelo &#8217;59 est\u00e1 atravesado por la guerra, los conflictos ideol\u00f3gicos, los estratos sociales y las realidades de las partes implicadas. \u00c9l es un joven arquetipo de la Italia en guerra, que esquiva su obligaci\u00f3n civil gracias a los contactos de un padre de estirpe \u2014y fisonom\u00eda\u2014 mussoliniana, y ella una treinta\u00f1era viuda por culpa de la guerra con una hija a cuestas. Un amor signado por la imposibilidad de los tiempos que, sin embargo, se las arregla para abrirse camino con la fuerza \u2014y la fugacidad\u2014 del viento.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/17.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2323\" width=\"490\" height=\"368\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/17.jpg 1021w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/17-300x225.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/17-768x577.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 490px) 100vw, 490px\" \/><figcaption><em>Estate Violenta<\/em> (Valerio Zurlini, 1959)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Arranqu\u00e9 por Australia y terminar\u00e9 ah\u00ed: <em>Sunday Too Far Away<\/em>, pel\u00edcula de la transpiraci\u00f3n desde el minuto cero. Un <em>play <\/em>que ven\u00eda postergando porque el anglo de estos australianos es m\u00e1s duro que su desierto y no hay subt\u00edtulos en espa\u00f1ol bajo ninguna piedra. Me conformo con unos en ingl\u00e9s que, si bien echan luz, no iluminan: entiendo una de cada dos palabras y el resto es buscar o decantar o resignarse. Lo importante es la pel\u00edcula, el cine: una <em>Wake in Fright<\/em> que en vez de cazadores tiene esquiladores y en el que la cerveza es reemplazada por muchas botellas de algo que parece \u2014pero claro que no es\u2014 Hesperidina.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo entendido que el corte original de <em>Sunday Too Far Away<\/em> era de casi tres horas y que lo que sobrevivi\u00f3 es la primera mitad. Cosa grande se ten\u00eda entre manos el director de <em>Summerfield<\/em>, y la intriga se dispara hasta el cielo, porque con el volumen planeado no s\u00e9 qu\u00e9 clase de oraci\u00f3n le har\u00eda justicia a semejante mastodonte f\u00edlmico.<\/p>\n\n\n\n<p>Hannam filma un drama peronista duro y pesado en medio del <em>outback<\/em> australiano. El calor impregna la pantalla desde el primer plano y corroe el celuloide hasta volverlo fantasma. La cosa va de un grupo de esquiladores al servicio de unos patrones que, amparados en un estado flojo de papeles, buscan explotar hasta lo absurdo la obra de mano barata. El grupo, liderado por Jack Thompson y con las cicatrices de la vida en diferentes formas, le hace frente a los z\u00e1nganos poderosos porque ya se sabe que el pueblo unido jam\u00e1s ser\u00e1 vencido. Hannam filma este manifiesto sin concesiones ni grandilocuencia. Lo suyo no es el gesto pol\u00edtico mediano que se\u00f1ala anticipando el elogio. Para \u00e9l, primero est\u00e1 la imagen. Ser\u00e1 por eso que se queda en el gesto m\u00ednimo que habla por s\u00ed solo en tono de \u00e9pica, en vez de realizar la operaci\u00f3n inversa: una pel\u00edcula \u00e9pica que conquiste los gestos m\u00ednimos. Se queda con sus personajes subidos de tono en el plano corto, sus hormonas calientes como el virus dentro del plano y sus ganas de cambiar futuro por presente en la materialidad hist\u00f3rica de la pel\u00edcula. Como en <em>Wake in Fright<\/em>, paradigma todo de esta serie de textos: &#8220;la va de lumpen y capanga \/ la pasa mal y jam\u00e1s tira la manga&#8221;. Y se transpira, como atestiguan los siguientes fotogramas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"561\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18-1024x561.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2324\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2324\" class=\"wp-image-2324\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18-1024x561.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18-300x164.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18-768x421.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/18.jpg 1366w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"557\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20-1024x557.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2326\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2326\" class=\"wp-image-2326\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20-1024x557.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20-300x163.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20-768x418.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/20.jpg 1359w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"562\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21-1024x562.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2327\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2327\" class=\"wp-image-2327\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21-1024x562.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21-300x165.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21-768x421.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21.jpg 1358w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"561\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19-1024x561.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2325\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2325\" class=\"wp-image-2325\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19-1024x561.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19-300x164.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19-768x421.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/19.jpg 1360w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Sunday Too Far Away<\/em> (Ken Hannam, 1975)<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hannam filma un drama peronista duro y pesado en medio del outback australiano. 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