{"id":2880,"date":"2021-05-26T17:40:17","date_gmt":"2021-05-26T17:40:17","guid":{"rendered":"https:\/\/taipeirevista.com\/?p=2880"},"modified":"2021-11-25T21:36:37","modified_gmt":"2021-11-25T21:36:37","slug":"claudio-caldini-el-jardinero-del-cine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2021\/05\/26\/claudio-caldini-el-jardinero-del-cine\/","title":{"rendered":"Claudio Caldini, el jardinero del cine"},"content":{"rendered":"\n<p>En la gran casa del cine, un pasillo angosto. Se accede a \u00e9l atravesando el comedor, la cocina, las habitaciones principales. No est\u00e1 bien iluminado; hay que caminarlo a tientas. Al salir del pasillo, el jard\u00edn. Pero no el jard\u00edn principal, sino su parte de atr\u00e1s: lo que lo excede y que ya no puede ser considerado como parte del mismo. En este jard\u00edn del jard\u00edn, una casilla precaria, un altar y un buz\u00f3n que reza: \u201ccine experimental\u201d. Les llegan pocas cartas. Para los due\u00f1os de la casa, \u201cno existen: es como si nunca hubieran filmado nada\u201d<sup><a href=\"#nota1\">1<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>El jard\u00edn es peque\u00f1o, s\u00ed, y se turnan para cuidarlo. Algunos d\u00edas Jorge Honik y Laura Abel, otras noches Narcisa Hirsch, por las tardes Horacio Vallereggio. Pero si nos animamos y golpeamos las palmas, quien se asomar\u00e1 ser\u00e1 Claudio Caldini. Desde hace tiempo se encuentra a cargo. Marida la espera por el recambio desmalezando, filmando, limpiando l\u00e1grimas pedregosas. El ambiente huele siempre a pasto reci\u00e9n cortado, los arbustos y canteros florecen, las enredaderas se le animan con mesura a las estatuas, abrazando sus piernas \u00e1speras, sus torsos quebrados, sus labios a medio decir. Las estatuas, ellas, ol\u00edmpicas, est\u00e1n ah\u00ed, resguardadas, ocultas entre el menosprecio, dormitando en el pante\u00f3n de los grandes nombres. Marie-Louise Alemann y Silvestre Byr\u00f3n les guardan el lugar a las dem\u00e1s, aquellas que les acompa\u00f1ar\u00e1n a su debido tiempo<sup><a href=\"#nota2\">2<\/a><\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie puede escaparle al estatuismo. A todos nos pasar\u00e1: querr\u00e1n acariciarnos y solo se encontrar\u00e1n con una fr\u00eda aspereza; querr\u00e1n rasgu\u00f1arnos y nuestra piel ser\u00e1 imperturbable. Por suerte, de tanto en tanto, algunas piedras devienen jard\u00edn. Por suerte, m\u00e1s pronto que tarde, habr\u00e1 nuevas manos acariciando las flores.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Marie_Louise_Alemann.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2881\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Marie_Louise_Alemann.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2881\" class=\"wp-image-2881\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Marie_Louise_Alemann.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Marie_Louise_Alemann-300x225.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Marie_Louise_Alemann-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"769\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Narcisa_Hirsch.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2882\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Narcisa_Hirsch.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2882\" class=\"wp-image-2882\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Narcisa_Hirsch.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Narcisa_Hirsch-300x225.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Narcisa_Hirsch-768x577.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Marie-Louise Alemann y Narcisa Hirsch en <em>Werner Nekes Buenos Aires<\/em> (Caldini, 1980)<br><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Margaritas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>El hombre necesita mirar las flores y mirar el cielo.<\/em><\/p><cite>Juan L. Ortiz&nbsp;<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>Puedo no mirar las flores, pero no cuando nadie las mira.<\/em><\/p><cite>Antonio Porchia<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>&#8220;El mecanismo del registro cinematogr\u00e1fico se define por la fragmentaci\u00f3n y la detenci\u00f3n. Es necesario, para proyectar la continuidad, pasar por lo discontinuo&#8221;<sup><a href=\"#nota3\">3<\/a><\/sup>. Pero la continuidad en el cine experimental se ve relegada a lo accesorio. La fragmentaci\u00f3n radical adquiere una potencia totalizadora que impide \u2014y reniega de\u2014 una posterior reconstrucci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ofrenda<\/em> (Claudio Caldini, 1978) es un fragmento de fragmentos. Contiene, en una parcela alejada, en un jard\u00edn amplio, bajo el sol de una tarde menguante, una multitud de margaritas. Esa tarde, que no es otra cosa que un breve fragmento del d\u00eda, se compone de los movimientos de las flores, fragmentos de un persistir en el tiempo al que nunca podremos acceder.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La extensa s\u00e1bana floral duerme apaciguada. Basta solo una ventisca para que el revoloteo de las muchas margaritas pinte un paisaje impresionista en el que queda menos de lo que hay \u2014un jard\u00edn\u2014 y m\u00e1s de quien lo hizo aparecer \u2014la pincelada del cineasta\u2014. Basta solo con poner en funcionamiento la c\u00e1mara para que el ruido del arrastre las despierte y las haga bailar al ritmo del montaje.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img decoding=\"async\" width=\"979\" height=\"727\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_1.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2883\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_1.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2883\" class=\"wp-image-2883\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_1.jpg 979w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_1-300x223.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_1-768x570.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 979px) 100vw, 979px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"979\" height=\"727\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_2.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2884\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_2.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2884\" class=\"wp-image-2884\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_2.jpg 979w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_2-300x223.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ofrenda_2-768x570.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 979px) 100vw, 979px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Ofrenda <\/em>(Claudio Caldini, 1978)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Ni Caldini \u2014poeta\u2014 ni su c\u00e1mara \u2014mecanismo\u2014 pueden ofrecer resistencia a la vor\u00e1gine del tiempo. \u00c9l se prolonga en ella mediante la t\u00e9cnica; ella se mimetiza con la vibraci\u00f3n impredecible del mundo en su mero andar. Todo tiembla. Todo est\u00e1 quieto y, sin embargo, todo tiembla. Amparados en la inestabilidad permanente, ceden su detenci\u00f3n y se entregan al movimiento; bailan juntos enfocados en la afectada nimiedad de un cantero de flores. La par\u00e1bola solar que da apertura y cierre al cortometraje marca el comp\u00e1s: una tarde, o un d\u00eda entero, o una nube que se acerca y empalidece el anaranjado irremediable de lo atardecido. Dos minutos le alcanzan al astro sol para alejarse, como perro viejo, a morir en el horizonte.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Practicar la paciencia junto con la jardiner\u00eda da sus frutos. Caldini depura la metodolog\u00eda de trabajo hasta quedarse con lo exiguo, con la unidad m\u00ednima e indivisible de pel\u00edcula: el cuadro o <em>frame<\/em>. Encuentra, en el registro cuadro a cuadro, el recurso m\u00e1s justo para trasladar el impacto que genera encontrarse con un campo de flores diminutas. Como desnudando una flor, p\u00e9talo a p\u00e9talo, desgarra pedacitos del jard\u00edn; como remedando la infancia, se guarda en el bolsillo del camisol\u00edn el juguete desarmado. Toma un cuadro<em> <\/em>de ac\u00e1, otro de all\u00e1, uno as\u00ed, otro as\u00e1, <em>me quiere<\/em>, <em>no me quiere<\/em>. Cada <em>frame<\/em> es radicalmente distinto al anterior. Desmonta el arbusto, pero para remontarlo nuevamente, porque <em>las cosas peque\u00f1as florecen en la concordia<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que el jard\u00edn no se diluye en la fragmentaci\u00f3n total; por el contrario: si, como sucede en aquel otro cine, el movimiento cinematogr\u00e1fico se logra mediante la detenci\u00f3n fraccionaria y parcial de momentos m\u00e1s o menos aleatorios, para luego suturar las distancias en el acto mismo de proyecci\u00f3n, es ac\u00e1, en la decisi\u00f3n totalmente consciente de aislar esos momentos esenciales, en donde el <em>frame<\/em> adquiere una potencia inexorable.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el interior de la c\u00e1mara, como ventana al mundo, el obturador, delicado y preciso, se abre para que la emulsi\u00f3n fotosensible reciba el calor de la luz diurna. Una vez desperezada por esa caricia violenta, la fina p\u00e1tina acuosa se mira al espejo y se encuentra adornada de margaritas. El obturador se cierra y el <em>frame<\/em> expuesto es arrastrado hacia la oscuridad. El mundo espera. Mientras se sostenga la demora, todo estar\u00e1 en orden. Caldini ser\u00e1 el que pondr\u00e1 en marcha otra vez el gran mecanismo. Cambiar\u00e1 de posici\u00f3n, de encuadre, de foco, de altura, de apertura de diafragma, de velocidad de exposici\u00f3n \u2014de follaje\u2014 para que el jard\u00edn sea otro y el mismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe trata, invariablemente, de aquello que la c\u00e1mara captura pero, ante todo, del modo espec\u00edfico e intransferible en que ella se acerca a las cosas. [\u2026] Ninguna pel\u00edcula ha dependido tanto como \u00e9stas del propio artefacto que las hace existir\u201d<sup><a href=\"#nota4\">4<\/a><\/sup>. El inter\u00e9s no est\u00e1 en la cosa filmada sino en el movimiento mismo de la filmaci\u00f3n. En ese movimiento, como hormiga, Caldini lleva, hacia la c\u00e1mara-hormiguero, de a una miguita a la vez: acumula hojarasca y yesca para el fog\u00f3n comunitario que se encender\u00e1 en cada proyecci\u00f3n. Como vaquita de San Antonio, acumula reservas para el fr\u00edo invierno que vendr\u00e1. Como cineasta, hace del jard\u00edn un laboratorio natural en el cual experimentar. El gesto se repite. La insistencia de la idea iguala las diferencias en el resultado.<\/p>\n\n\n\n<p>Visualmente hay muchos jardines; sonoramente, uno solo. Caldini construye una melod\u00eda de doce notas sobre un colch\u00f3n de acordes que oficia de burbuja contenedora para el enjambre de <em>frames<\/em>. Los sintetizadores et\u00e9reos, casi avispas, abejas, mariposas, sobrevuelan las flores, se acercan, se alejan, y ti\u00f1en la ofrenda terrena de un aura de ensue\u00f1o. El polen que se desprende en la agitaci\u00f3n nos hace picar la nariz, nos adormece. Fragmentado con premura, el jard\u00edn deviene canci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"687\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio-687x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2885\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2885\" class=\"wp-image-2885\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio-687x1024.jpg 687w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio-201x300.jpg 201w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio-768x1144.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio-1031x1536.jpg 1031w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.armonio.jpg 1074w\" sizes=\"(max-width: 687px) 100vw, 687px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"685\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.proyector.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2886\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.proyector.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2886\" class=\"wp-image-2886\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.proyector.jpg 685w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.proyector-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 685px) 100vw, 685px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p>Las loas al f\u00edlmico, cuando no matizadas, pecan de nost\u00e1lgicas. Pero algo de raz\u00f3n tienen. Perdimos control sobre los dispositivos de captura. Algunas funcionalidades, como la de registrar cuadro a cuadro, se volvieron imposibles por la propia l\u00f3gica de lo digital. Podemos seguir haci\u00e9ndolo, pero ya no mediante una tira continua de pel\u00edcula expuesta de manera controlada, sino a partir de una sucesi\u00f3n de archivos discretos \u2014fotograf\u00edas\u2014 puestos uno tras otro en un <em>software <\/em>de edici\u00f3n de video.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sacar una fotograf\u00eda digital o grabar un video es un acto autoconclusivo. Luz, electricidad, transducci\u00f3n, binario: los datos se empaquetan y hete aqu\u00ed el archivo. En f\u00edlmico, el mundo sigue ah\u00ed, adentro de la c\u00e1mara, vivo, inestable, con la muerte lum\u00ednica acech\u00e1ndolo en cada rinc\u00f3n. El cuadro registrado en la tira de pel\u00edcula entra en ebullici\u00f3n controlada, en efervescencia contenida: permanece latente. Empuja hacia adelante, invita a progresar \u2014a florecer\u2014 para consumir por completo el material finito. Busca compa\u00f1\u00eda, otros como \u00e9l, para formar una comunidad: como las margaritas, flores solitarias a las que les gusta estar rodeadas de otras como ellas. La tira de f\u00edlmico no razona, es pura pasi\u00f3n. Quiere arrojarse a los brazos del mundo hasta devorarlo y devorarse a s\u00ed misma en el proceso. En la fragmentaci\u00f3n toda y variaci\u00f3n m\u00e1xima, el <em>frame<\/em> adquiere valor de totalidad dentro de la totalidad que lo contiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Acercarse a <em>Ofrenda <\/em>es abandonarse al titubeo. La composici\u00f3n centr\u00edpeta y el montaje singularizado impiden la recolecci\u00f3n consciente de informaci\u00f3n. No hay nada que ate la atenci\u00f3n a un \u00e1rea espec\u00edfica: el ojo recibe la metralla floral sin peros. Cuando nos queremos dar cuenta, nos encontramos sosteniendo un ramo mental de margaritas. Podemos intentar nombrar lo que sucede, pero lo que sucede se resiste a ser puesto en palabras. Cada <em>frame<\/em> teje junto a sus pares una red impenetrable que devuelve todo lo que se le tira. Nada puede a\u00f1ad\u00edrsele, nada quit\u00e1rsele. Romper una rama siempre es m\u00e1s sencillo que romper muchas ramas juntas. <em>Ofrenda <\/em>sigue intentando morir en su mostraci\u00f3n, someti\u00e9ndose a la presi\u00f3n del arrastre y a la tibieza del proyector, pero sin abr\u00edrsenos del todo: se marchitar\u00e1 sin nunca haber florecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Las flores est\u00e1n, y est\u00e1n ah\u00ed, frente a nosotros, multiformes, fracturadas, totalmente parciales y aparentemente quietas. Se abren para quien quiera mirar un ratito. Si abunda la paciencia, las flores se mueven, crecen, bailan. Pero lo hacen a su tiempo. Tiempo y desencuentros, las variables del amor. En perspectiva podemos atisbar la vida de las flores. Podemos no mirarlas, pero no cuando nadie las mira: es una necesidad humana.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-0 wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<div class=\"wp-block-columns are-vertically-aligned-top is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-vertically-aligned-top is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:70%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_poema-1024x768.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2888\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_poema-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_poema-300x225.jpeg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_poema-768x576.jpeg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_poema.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:44%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/mekas_girasol.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2887\" width=\"408\" height=\"498\"\/><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">[\u00ablos p\u00e9talos secos de flores muertas contienen curas secretas &#8212; cualquier cosa bajo el sol,<br>una vez tocada por la vida \/el sol\/ est\u00e1 imbuida de poder sobre la muerte &#8211;\u00bb] (Jonas Mekas)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Girasoles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>Yo dejo todo y me voy al limbo de tu pie.<\/em><\/p><cite>Spinetta Jade<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>Van Gogh looked for some yellow\u00a0<\/em><\/p><p><em>when the sun disappeared.<sup><a href=\"#nota4\">5<\/a><\/sup><\/em><\/p><cite><em>Pr\u00e9nom Carmen<\/em>, 1983<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Para qui\u00e9n florecen las flores. A qui\u00e9n miran cuando nadie las mira. Qu\u00e9 tibieza las mueve, qu\u00e9 las sobrevive, qu\u00e9 atestiguan. C\u00f3mo se ofrenda un girasol. Hay flores simples que guardan una tragedia griega entre sus p\u00e9talos de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuenta la leyenda que, cuando la ninfa del mar se enamor\u00f3 del sol, todo fue desgracia<sup><a href=\"#nota5\">6<\/a><\/sup>.<sup> <\/sup>Su condena fue mirarlo con ojos de enamorada por siempre, desde un mismo lugar, ya vuelta flor y con los pies enraizados en la tierra. Vincent van Gogh, como Clitia, la ninfa, tambi\u00e9n se enamor\u00f3 del sol, y cuando este desapareci\u00f3, no ces\u00f3 de buscarlo en el amarillo hasta volverse naranja, ocre, marr\u00f3n, beige p\u00e1lido. Pint\u00f3 girasoles vivos, girasoles marchitos, girasoles cortados, mutilados, hasta convertirse tambi\u00e9n \u00e9l en una flor.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>No hay belleza sin desastre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:52%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"470\" height=\"497\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/clizia_rubens.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2890\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/clizia_rubens.jpg 470w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/clizia_rubens-284x300.jpg 284w\" sizes=\"(max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><figcaption><em>Clizia <\/em>(Pieter Paul Rubens, 1636-1638)<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:67%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"823\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-1024x823.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2952\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-1024x823.jpg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-300x241.jpg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-768x618.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-1536x1235.jpg 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/van_gogh_pintando_girasoles_gauguin-1-2048x1647.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption><em>Van Gogh pintando girasoles<\/em> (Paul Gauguin, 1888)<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:67%\">\n<p><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>En el cortometraje de las margaritas, Caldini arma un todo a partir de la fragmentaci\u00f3n: le devuelve, p\u00e9talo a p\u00e9talo, las flores al jard\u00edn. En <em>Poilean<\/em> (2020), en cambio, el movimiento es otro. Como en el amor, de improviso, el azar se entromete y lo enfrenta con un campo sembrado de girasoles. Qu\u00e9 hacer, entonces, con la contingencia. \u00c9l no lo piensa dos veces. Ante el encuentro, agarra su c\u00e1mara digital y graba. Retrata el flechazo mientras ocurre. No es mero registro, la imagen lo mira y \u00e9l mira de vuelta. En ese momento nada m\u00e1s importa: la puesta en escena la tiene en la mirada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la sala de montaje, Caldini preserva aquella sensaci\u00f3n id\u00edlica sin descomponer la unidad temporal y espacial. Con cuatro cortes fundidos en dos tomas, monta una experiencia que discurre entre los planos, sin huecos en la imagen, como si lo entero estuviese ah\u00ed, ya dado, aunque <em>Poilean<\/em> tambi\u00e9n sea \u2014como <em>Ofrenda<\/em>\u2014 una uni\u00f3n delicada de pedazos sensibles (ahora digitales). \u201cAlgo se impone, algo se encuentra\u201d<sup><a href=\"#nota6\">7<\/a><\/sup>, algo se une en el metraje si uno est\u00e1 dispuesto a ver. Si uno quiere ver. Si uno necesita ver, como Caldini, sin traicionar lo vivido y lo sentido. Uno encuentra en la fluidez incesante, imparable, en la idea de un plano secuencia sin edici\u00f3n, la extra\u00f1a certeza de estar frente a un acontecimiento (amoroso, cinematogr\u00e1fico, experimental, trascendente). Frente a una revelaci\u00f3n. El cineasta se inmiscuye en las fisuras del tiempo y de los p\u00edxeles para unir lo inalcanzable. Atrapar el devenir mientras deviene: la gran ilusi\u00f3n del cinemat\u00f3grafo interior.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las tantas cosas que hemos tenido que ofrendarle al dios-tecnolog\u00eda para acceder al mundo digital es la tangibilidad del material donde se imprime el registro. Hoy se nos niega la posibilidad de tocar el negativo, de sentirlo, de trabajar sobre \u00e9l para rasgarlo, tacharlo o pintarlo, de sentir esa emulsi\u00f3n sensible que permite la impresi\u00f3n de la luz. Quiz\u00e1s por eso Caldini vuelve el roce y el tacto hacia las flores \u2014como forzando a los p\u00edxeles a tocar el mundo\u2014 y convierte el rodaje en una especie de performance. No es el ojo el que comanda, son las manos: es el tacto el que ahora mira, es la intuici\u00f3n la que ahora piensa. \u201cLas pel\u00edculas de Caldini dependen de la c\u00e1mara en sentido sustantivo. Giran alrededor de su propio dispositivo. Ya no es un veh\u00edculo o un accesorio que permite el registro sino que es el origen y el motivo de la obra\u201d<sup><a href=\"#nota8\">8<\/a><\/sup>. En <em>Poilean <\/em>la c\u00e1mara intuye, contempla, reflexiona, medita. Es perform\u00e1tica. Es ella la que se enamora del amarillo, girasol amarillo, amor amarillo como \u201cun sol, una luz que, a falta de un calificativo mejor, s\u00f3lo puedo definir con amarillo, un p\u00e1lido amarillo azufre, un amarillo lim\u00f3n p\u00e1lido. \u00a1Qu\u00e9 hermoso es el amarillo!\u201d<sup><a href=\"#nota9\">9<\/a><\/sup>. Poco importa la naturaleza pl\u00e1stica de lo digital cuando se pinta un poema.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Van Gogh usaba la t\u00e9cnica del empaste y la aplicaci\u00f3n de pintura espesa para crear un efecto t\u00e1ctil y denso, donde se viera la mano del pintor. De la misma forma, al emular pinceladas de artista, la c\u00e1mara del cineasta-jardinero acaricia el verano floral con la lente, y con ella pinta un jarr\u00f3n de girasoles que, en lo que dura el metraje, florece y se amustia como en la serie de <em>Les<\/em> <em>Tournesols<\/em>. Si bien nunca pueda capturar \u2014ni nosotros ver\u2014 el cambio cualitativo de los girasoles al marchitarse, la lente y el ojo, al menos, lo intentan: \u201cRecuerdo lo atenta que miraba c\u00f3mo se cerraba [&#8230;] segura de que si no dejaba de mirar, no podr\u00eda perd\u00e9rmelo, y sinti\u00e9ndome decepcionada porque nunca lo consegu\u00ed, debido a que nunca tuve la paciencia de seguir mirando al no poder percibir de qu\u00e9 manera pod\u00eda ser el tiempo imperceptible\u201d<sup><a href=\"#nota10\">10<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-4 is-cropped wp-block-gallery-5 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"819\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-819x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2907\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2907\" class=\"wp-image-2907\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-819x1024.jpg 819w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-240x300.jpg 240w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-768x960.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-1228x1536.jpg 1228w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1-1638x2048.jpg 1638w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_1-1-1.jpg 2024w\" sizes=\"(max-width: 819px) 100vw, 819px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"811\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-811x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2908\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-scaled.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2908\" class=\"wp-image-2908\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-811x1024.jpg 811w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-238x300.jpg 238w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-768x969.jpg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-1217x1536.jpg 1217w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-1623x2048.jpg 1623w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_2-1-1-scaled.jpg 2029w\" sizes=\"(max-width: 811px) 100vw, 811px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"535\" height=\"688\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_3.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2909\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_3.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2909\" class=\"wp-image-2909\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_3.jpg 535w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_3-233x300.jpg 233w\" sizes=\"(max-width: 535px) 100vw, 535px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"470\" height=\"690\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_4.jpg\" alt=\"\" data-id=\"2910\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_4.jpg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2910\" class=\"wp-image-2910\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_4.jpg 470w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/les_tournesols_4-204x300.jpg 204w\" sizes=\"(max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Les Tournesols <\/em>(Vincent van Gogh, 1888)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Caldini pierde la noci\u00f3n de lo que la c\u00e1mara observa (\u00a1conf\u00eda en ella!) y deja que se acerque donde quiera (y como pueda). El dispositivo cinematogr\u00e1fico se vuelve una c\u00e1mara-abeja que busca y lleva el polen de un lado a otro. Revolotea, ella, de aqu\u00ed para all\u00e1, suspendida en el aire. Con el instinto en las antenas, sobrevuela el plano y encuadra un girasol. Lo explora, enamorada. Observa. Mira con planos detalle. Desenfoca el resto. Acaricia los p\u00e9talos de la flor c\u00edclope, flor al\u00edgera, flor de llama eterna, ol\u00edmpica. Deja los tallos con los pelos de punta. Tras un primer\u00edsimo primer plano, se hunde en el centro grumoso que atesora la l\u00e1grima espesa que no olvida el desprecio del astro sol. Al igual que Clitia, la c\u00e1mara-abeja se zambulle en el color con la esperanza de hallar algo y no repetir la tragedia. Como Van Gogh, come pintura amarilla en la b\u00fasqueda vana de la felicidad perdida. Como Caldini, busca consuelo en el sol. Amar es querer ser absorbido por completo, aunque nos enloquezca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2-1024x576.png\" alt=\"\" data-id=\"2897\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2897\" class=\"wp-image-2897\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_2.png 1366w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"575\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1-1024x575.jpeg\" alt=\"\" data-id=\"2893\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1.jpeg\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=2893\" class=\"wp-image-2893\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1-1024x575.jpeg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1-300x169.jpeg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1-768x431.jpeg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_1.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"><em>Poilean <\/em>(Claudio Caldini, 2020)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Dictadura, horror, persecuci\u00f3n. Encierro. La salvaci\u00f3n supo estar en el jard\u00edn de la casa del padre. La vuelta al terreno f\u00e9rtil donde la ofrenda, d\u00e1diva de margaritas libres, ahuyent\u00f3 la opresi\u00f3n asfixiante. La repetici\u00f3n del gesto de guardar florcitas salvajes supo hacer memoria y no olvid\u00f3 el poder revolucionario de las flores (ni el secuestro de la amistad). El dolor de la p\u00e9rdida, el miedo, la b\u00fasqueda espiritual en la India. Fuera del <em>ashram<\/em>, Caldini no pudo asimilar la intensidad y la violencia del mundo: al igual que una tira de f\u00edlmico, se volvi\u00f3 demasiado sensible (y no lo soporta). El sol se le ven\u00eda encima; v\u00e9rtigo, deslumbramiento, \u00a1\u00cdcaro!, volar muy cerca le derriti\u00f3 las alas y lo conden\u00f3 a volver a la tierra. Pas\u00f3 a\u00f1os entre plantas y silencios. Recluido y errante, aprendi\u00f3 de las flores. Ellas le ense\u00f1aron la manera de reconciliarse con esa luz que viaja desde tan lejos para que haya cine. Volver a filmar, de a poco. Ajustarse, otra vez, al calor del astro. Animarse a darle la espalda: como girasol maduro que ha dejado de seguir el movimiento de Apolo, se vuelve y contempla el Este (o el Oeste). Liberado de las ataduras terrenales, se carga las ra\u00edces al hombro y avanza. Lo espera un vasto campo de girasoles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_3-1024x575.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2894\" width=\"638\" height=\"358\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_3-1024x575.jpeg 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_3-300x169.jpeg 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_3-768x431.jpeg 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/poilean_3.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 638px) 100vw, 638px\" \/><figcaption><em>Poilean <\/em>(Claudio Caldini, 2020)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Poilean <\/em>es un gran movimiento que vibra, sereno, al avanzar. Un mantra. La fusi\u00f3n de imagen y sonido aviva la experiencia del mirar, del o\u00edr y del sentir. La m\u00fasica no compite ni se impone: la tonalidad, la melod\u00eda y los arm\u00f3nicos (leves, muy leves) se enmascaran y se filtran hasta volverse un susurro, una plegaria. Nos entregamos, mansos, a la inmersi\u00f3n sensorial. Las part\u00edculas del min\u00fasculo polvillo bailan y son arrojadas al universo marchito y fr\u00edo. Nosotros, ya calmos, acopiamos \u2014como la c\u00e1mara-abeja\u2014 los granos de polen, creyendo que \u00e9stos guardan el secreto de la primavera. Lo perecedero se cose un ropaje con p\u00e9talos de nubes y de soles para vestirse y tapar, con esa fr\u00e1gil belleza, lo indecible, lo insondable. Girasoles y margaritas pertenecen a la misma familia (las aster\u00e1ceas compuestas) y pueden plantarse en una misma maceta, en un mismo jard\u00edn: pueden vestir la misma cosa. \u00bfNo ser\u00e1, acaso, un campo sembrado de flores, delicadeza y contrapunto de la amenaza incesante de una aridez agazapada que espera, debajo, como una fatalidad sedienta? Caldini siembra y planta <em>Ofrenda <\/em>y <em>Poilean <\/em>en un solo espacio para combatir la pesadumbre mustia de los d\u00edas que corren, ahora bellos y fr\u00e1giles y poderosos. A las flores les da igual que el viento presagie una tormenta gris piedra: tienen quien las cuide. En secreto, el cineasta riega la sequedad de la Tierra. Mira al cielo. Abona el jard\u00edn.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hay palabras que no logran decir aquellos significados que desbordan, que rebalsan, que florecen. Caldini debi\u00f3 buscar en otro idioma un significante capaz de contener tama\u00f1a cosa. Una expresi\u00f3n. Una forma. Un pedazo de signo que se atreva a llegar al fondo de lo impronunciable<sup><a href=\"#nota11\">11<\/a><\/sup>. Las palabras fallan al expresar todo lo que una persona siente, mas eso qu\u00e9 importa. Poilean. <em>Poilean<\/em>. Poilean.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>In\u00fatil decir m\u00e1s.<\/em><\/p><p><em>Nombrar alcanza.<\/em><\/p><cite>Idea Vilari\u00f1o<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.lluvia.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2895\" width=\"425\" height=\"633\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.lluvia.jpg 687w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/claudio.lluvia-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 425px) 100vw, 425px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div style=\"height:18px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota1\"><strong>1<\/strong> Andr\u00e9s Di Tella en <em>Hachazos <\/em>(Di Tella, 2011).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota2\"><strong>2<\/strong> Hace pocos d\u00edas se conoci\u00f3, a trav\u00e9s de Caldini, la noticia de que Byr\u00f3n falleci\u00f3 en mayo de 2019, tal como relata Pablo Mar\u00edn en <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/p\/CPROeTiAb47\/\">esta entrada de su cuenta de Instagram<\/a>. [N. de los E.]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota3\"><strong>3 <\/strong>Oubi\u00f1a, David (2011) <em>El silencio y sus bordes. Modos de lo extremo en la literatura y el cine<\/em> (p. 74). Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota4\"><strong>4<\/strong> Oubi\u00f1a, David. <a href=\"https:\/\/lacuevadechauvet.com\/sobre-cine-como-arte-camarografico-la-obra-de-claudio-caldini\/\">&#8220;Sobre cine como arte camarogr\u00e1fico: la obra de Claudio Caldini&#8221;<\/a>, en <em>La Cueva de Chauvet<\/em>. Nota publicada originalmente en la revista <em>Todav\u00eda. Pensamiento y cultura en Am\u00e9rica Latina<\/em> N\u00b0 28, noviembre de 2012.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota5\"><strong>5<\/strong>\u00a0\u201cVan Gogh buscaba un poco de amarillo cuando el sol desapareci\u00f3\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota5\"><strong>6<\/strong> En la mitolog\u00eda griega, <a href=\"https:\/\/es.wikisource.org\/wiki\/Las_metamorfosis:_Libro_IV#Los_amores_del_Sol._Marte_y_Venus._Leuc.C3.B3toe._Cl.C3.ADtie_.28167_-_270.29\">Clitia era una ninfa enamorada de Helios<\/a>. Ella lo espiaba diariamente desde que sal\u00eda de su palacio, por la ma\u00f1ana, hasta que llegaba al oeste por la tarde. Un d\u00eda, Helios tuvo relaciones con Leuc\u00f3toe y Clitia, celosa, cont\u00f3 esto a \u00d3rcamo, padre de Leuc\u00f3toe, quien enterr\u00f3 viva a su hija al enterarse. Cuando Helios supo esto, despreci\u00f3 a Clitia, que consumi\u00f3 toda su vida vi\u00e9ndolo pasar hasta que los dioses la convirtieron en heliotropo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota7\"><strong>7<\/strong> Narcisa Hirsch citada por David Oubi\u00f1a en ibid 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota8\"><strong>8<\/strong> Ibid 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota9\"><strong>9<\/strong> Vincent van Gogh en <em>Cartas a Theo<\/em>. Carta n\u00ba 522.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota10\"><strong>10<\/strong> Margaret Tait (2012). <em>Poems, Stories and Writings<\/em>. Ali Smith y Sarah Neely (Eds). Londres: Carcanet Press &#8211; Fyfield Books. <a href=\"http:\/\/www.elumiere.net\/exclusivo_web\/xcentric_21\/tait2.php\">Traducci\u00f3n del ingl\u00e9s de Francisco Algar\u00edn Navarro<\/a>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota11\"><strong>11<\/strong> Poilean es \u201cpolen\u201d en escoc\u00e9s ga\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:18px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">Fotograf\u00edas 6 y 18: Dar\u00edo Schvarzstein.<br>Fotograf\u00eda 5: Claudio Caldini.&nbsp;<br>Todas fueron tomadas del <a href=\"https:\/\/eldevenirdelaspiedras.blogspot.com\/\">blog de Claudio Caldini<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie puede escaparle al estatuismo. A todos nos pasar\u00e1: querr\u00e1n acariciarnos y solo se encontrar\u00e1n con una fr\u00eda aspereza; querr\u00e1n rasgu\u00f1arnos y nuestra piel ser\u00e1 imperturbable. 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