{"id":3802,"date":"2021-10-15T02:13:30","date_gmt":"2021-10-15T02:13:30","guid":{"rendered":"https:\/\/taipeirevista.com\/?p=3802"},"modified":"2023-09-20T14:03:58","modified_gmt":"2023-09-20T14:03:58","slug":"extraviados-en-un-mundo-de-texturas-17festifreak-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2021\/10\/15\/extraviados-en-un-mundo-de-texturas-17festifreak-3\/","title":{"rendered":"Extraviados en un mundo de texturas (17FestiFreak #3)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size\"><strong><span style=\"color:#52585d\" class=\"has-inline-color\">17\u00ba FESTIFREAK:&nbsp;<em>CERO EN CONDUCTA<\/em><\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u00bfHasta d\u00f3nde se pueden tensar los l\u00edmites de la forma cinematogr\u00e1fica? Esa parece ser la pregunta que estructura, desde hace a\u00f1os, a la secci\u00f3n del FestiFreak <em>Cero en conducta<\/em>. El otro hilo conductor es la diversidad est\u00e9tica, la multiplicidad de formatos: seis pel\u00edculas atravesadas por drones, Super 8, f\u00edlmico, digital, videos levantados de la web, noticieros, fragmentos de peri\u00f3dicos; de p\u00edxeles gigantescos a elegantes blanco-y-negro que desembocan en coloridas explosiones f\u00edlmicas. Las texturas, parece sostener <em>Cero en conducta<\/em>, son importantes. A nivel tem\u00e1tico, sin embargo, hay m\u00e1s homogeneidad: con alguna que otra excepci\u00f3n, predomina una modalidad de ensayo intimista muy frecuente en el cine contempor\u00e1neo; pesa m\u00e1s, digamos, el mirar hacia adentro por sobre el mirar hacia afuera, al igual que un corrimiento voluntario de la ficci\u00f3n y de la narraci\u00f3n en sentido cl\u00e1sico.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11-1024x576.png\" alt=\"\" data-id=\"3820\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3820\" class=\"wp-image-3820\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11-1536x864.png 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/11.png 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"746\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2-1024x746.png\" alt=\"\" data-id=\"3822\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3822\" class=\"wp-image-3822\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2-1024x746.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2-300x219.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2-768x560.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/7-2.png 1478w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"> <em>Les Antilopes<\/em> (Maxime Martinot, 2020) \/ <em>Un bananero no es casualidad<\/em> (Luiza Gon\u00e7alves, 2021)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:13px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Si varias pel\u00edculas de la secci\u00f3n est\u00e1n atravesadas por un v\u00ednculo entre experimentaci\u00f3n e intimismo, el director de una de ellas, el peruano Mateo Vega, logra sintetizar todo un esp\u00edritu cuando cuenta que con su cortometraje <em>Er is een geest van mij<\/em> (o <em>Hay un fantasma m\u00edo<\/em>) les dio \u201cun sentido emocional\u201d a \u201cfantasmas que tal vez nunca dejar\u00e1n de perseguirme\u201d. Se habilita, as\u00ed, una pregunta: \u00bfhasta qu\u00e9 punto estos films logran sumergir emocionalmente al espectador? Otra pregunta funciona como su reverso: \u00bfes posible que la experimentaci\u00f3n, en ciertos casos, d\u00e9 lugar a un soliloquio, una suerte de diario \u00edntimo arrebatado y sofisticad\u00edsimo, pero cerrado al exterior? Estas preguntas servir\u00edan, en verdad, para pensar tres de las seis pel\u00edculas de <em>Cero en conducta<\/em>. Y un adelanto que es, tambi\u00e9n, una \u2014aparente\u2014 paradoja: la pretensi\u00f3n \u201cuniversal\u201d de las tres restantes podr\u00eda ser, de hecho, una pieza central de aquello que las convierte en las m\u00e1s emotivas del conjunto. Una cita de <em>Mi mundo privado<\/em>, libro inclasificable de Elvio E. Gandolfo, tal vez sirva para poner en perspectiva ciertas dificultades de la estetizaci\u00f3n transparente de lo \u00edntimo: \u201cMe gustar\u00eda, pero lo siento: no puedo darles una imagen representativa de mi mundo privado. A esta altura debieran saber por qu\u00e9: es demasiado grande, tanto como el universo\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay un fantasma m\u00edo<\/em> es, justamente, la pel\u00edcula que sostiene con m\u00e1s fervor esta vertiente intimista del cine contempor\u00e1neo identificable con la llamada \u201cliteratura del yo\u201d: recuerdos, memorias, cr\u00f3nicas de actividades cotidianas, pensamientos ligeros transmitidos con id\u00e9ntica ligereza; todo enlazado a trav\u00e9s de un discurso que resulta ser de baja intensidad, aunque pretende lo contrario. El corrimiento del film de Vega reside en un acierto tal vez insuficiente: lo \u00edntimo es puesto en di\u00e1logo con la lectura de un presente pol\u00edtico oscuro. All\u00ed late una densidad deseable que genera tensi\u00f3n: la potencia de ese horror pol\u00edtico, que chorrea como brea de la voz de Vega (y de algunas im\u00e1genes aisladas, como el plano final del hombre en cuero en el lugar del incendio), no siempre es coherente con los dramas personales. Todo un universo de acontecimientos graves que afectan las vidas de millones de personas comparte, de pronto, espacio y escala con traumas dentales y elucubraciones po\u00e9ticas en miniatura. La voz narradora nos arrastra, sin ambages, de la preocupaci\u00f3n a la desconexi\u00f3n: hay ingenio en la construcci\u00f3n de unidad formal (la m\u00fasica tiene un rol clave), y hasta es posible envidiarle a Vega la capacidad para expresar en im\u00e1genes sus infiernos \u00edntimos, pero hay poco que hacer cuando el material de fondo transita caminos tan distantes.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/2-1024x770.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3804\" width=\"553\" height=\"416\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/2-1024x770.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/2-300x226.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/2-768x577.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/2.png 1435w\" sizes=\"(max-width: 553px) 100vw, 553px\" \/><figcaption>   <em>Er is een geest van mij<\/em> \/ <em>Hay un fantasma m\u00edo<\/em> (Mateo Vega, 2021)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Si <em>Hay un fantasma m\u00edo<\/em> habilita una lectura dual, <em>One Thousand and One Attempts to Be an Ocean<\/em> incorpora una cantidad de elementos tan impactante que, desde su propia estructura, propone que ignoremos su t\u00edtulo y rechacemos cualquier intento de clasificaci\u00f3n o enumeraci\u00f3n. El corto de Wang Yuyan presenta una idea conceptualmente simple: una sucesi\u00f3n agotadora (\u00bf1001?) de im\u00e1genes tomadas de internet, relacionadas en principio con el oc\u00e9ano, luego con el agua en general, y eventualmente con cualquier cosa \u2014natural, mec\u00e1nica, virtual\u2014 que remita a la idea, o genere una sensaci\u00f3n, de acuosidad. De fondo, una frase en <em>loop <\/em>a una velocidad absurda (algo que suena, al menos para los o\u00eddos de quien escribe, como \u201cWhere are you tonight?\u201d), luego intercalada por otras oraciones (\u201cYou had this look on your face like\u2026\u201d, \u201cI don\u2019t know. Misery\u2026\u201d). El concepto es tan estrecho y unidimensional que el triunfo reside, pura y exclusivamente, en la maestr\u00eda con que es llevado a cabo: reina un ritmo hipn\u00f3tico, que se establece como n\u00facleo y eje rector, y luego Yuyan introduce breves variaciones, rupturas que generan desconfianza y confusi\u00f3n. Por un lado, el atropellamiento visual hace pensar en cierta desconexi\u00f3n contempor\u00e1nea con el significado y la esencia de las im\u00e1genes: si hay todo un universo cinematogr\u00e1fico esmerado en reestablecer un v\u00ednculo sensible, parsimonioso, con el mundo que nos rodea, <em>One Thousand and One Attempts to Be an Ocean<\/em> enfatiza, con bastante desesperaci\u00f3n, el dolor del caos. Por otra parte, se puede pensar en una met\u00e1fora de la experiencia virtual contempor\u00e1nea: ya no hay misterio ni b\u00fasqueda, como en etapas previas de la exploraci\u00f3n web; la era del scrolleo y los algoritmos es m\u00e1s parecida a una sucesi\u00f3n de im\u00e1genes sobre la cual tenemos muy poco control, y que nos obliga a entregarnos a un igualamiento visual adormecedor como condici\u00f3n para experimentar, muy cada tanto, un destello de sorpresa.<\/p>\n\n\n\n<p>El eje rector del corto de Yuyan es sensorial: el tono se construye a trav\u00e9s de la variedad visual y de ese mantra mecanizado que cumple el rol de bajo continuo. Pasamos de colas de ballenas golpeando contra botes a videojuegos de acci\u00f3n en primera persona a balas disparadas bajo el agua a \u00e1rboles sacudidos por la onda expansiva de una explosi\u00f3n a mares repletos de desechos a mares de cuerpos en un recital. El agua, de una u otra manera, siempre est\u00e1 presente. No se trata, sin embargo, de un puro ejercicio sobre el v\u00e9rtigo: la contaminaci\u00f3n ambiental, por ejemplo, aparece como tema recurrente en el entramado de videos. Pero este tema, denso y complejo, est\u00e1 subsumido a la l\u00f3gica interna del corto; al igual que en la est\u00e9tica virtual centennial de la cual forma parte, no hay explicaciones ni apuntes de causas y consecuencias, no hay teor\u00edas ni potencia dram\u00e1tica: es el espectador quien tiene que unir los puntos, reconstruir d\u00f3nde termina la casualidad y comienza una cr\u00edtica dispersa pero voluntaria. Lo curioso es que es esa preocupaci\u00f3n, apenas sugerida, lo que termina de sumergirnos: los horrores no quedan por fuera del film, en una ignorancia alegre; por el contrario, somos conscientes del da\u00f1o, pero la l\u00f3gica que nos aprisiona impide cualquier tipo de resoluci\u00f3n. El corto de Yuyan es una pista de que tal vez no estemos dispuestos a hacer demasiado para romper con lo que nos mata. Si existe una salida racional a este c\u00edrculo, <em>One Thousand and One Attempts to Be an Ocean<\/em> la rechaza, defendiendo su pretendido derecho a una coherencia formal absoluta.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1024x576.png\" alt=\"\" data-id=\"3806\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3806\" class=\"wp-image-3806\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1536x864.png 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3.png 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1920\" height=\"1080\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6-1024x576.png\" alt=\"\" data-id=\"3813\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3813\" class=\"wp-image-3813\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6-1536x864.png 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/6.png 1920w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"> <em>One Thousand and One Attempts to Be an Ocean<\/em> (Wang Yuyan, 2020)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:13px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El montaje de videos levantados de internet contin\u00faa en <em>Les Antilopes<\/em>, del franc\u00e9s Maxime Martinot, una de varias pel\u00edculas del festival protagonizadas por animales<sup><a href=\"#nota1\">(1)<\/a><\/sup>. Su disparador<em> <\/em>es un texto de Marguerite Duras que relata un curioso acontecimiento: hace muchos a\u00f1os, miles de ant\u00edlopes se encaminaron hacia el mar y cometieron suicido colectivo. Lo interesante, dice Duras, es que no se trata de una especie migratoria \u201ccomo las cig\u00fce\u00f1as, los gansos salvajes o las golondrinas\u201d. Lo que comienza como una carta amorosa y fascinada hacia el animal en cuesti\u00f3n, con diversas filmaciones de ejemplares corriendo en manada \u2014varias de ellas tomadas por drones\u2014, de a poco comienza a mutar. Eventualmente, el corto revela intenciones expandidas: de los ant\u00edlopes en grupo pasamos a ant\u00edlopes individuales, filmados desde miras de armas de fuego y asesinados; de los drones como punto de vista pasamos a datos sobre la compra de drones por parte del gobierno franc\u00e9s. Por \u00faltimo, dos planos impactantes: una c\u00e1mara furtiva, pixelada, capta a un hombre destrozando un dron a palazos; luego observamos desde un dron a un ant\u00edlope solitario, que se acerca y <em>nos <\/em>ataca con su cornamenta. Se revela, al igual que en <em>One Thousand and One Attempts to Be an Ocean<\/em>, una capa pol\u00edtica inesperada \u2014en este caso, sin duda, m\u00e1s expl\u00edcita. Se trata, tambi\u00e9n, de una pel\u00edcula menos <em>extrema <\/em>que la de Yuyan: aqu\u00ed no se intenta replicar algo del orden de lo sensorial; el material es funcional al mensaje (o, al menos, a la versi\u00f3n del cine contempor\u00e1neo de un mensaje). Pero hay en <em>Les Antilopes<\/em> otra decisi\u00f3n pol\u00edtica, tal vez m\u00e1s ingeniosa: Martinot abraza el material y sus fuentes y, finalmente, los utiliza en su contra; es decir: juega el famoso juego de confiar en las im\u00e1genes para luego traicionarlas, de corroer por dentro.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rock Bottom Riser<\/em>, \u00fanico largo del conjunto, comparte al menos una caracter\u00edstica con <em>Les Antilopes<\/em>: su material diverso se estructura alrededor de un elemento com\u00fan. En este caso, se trata de la lava; espec\u00edficamente, aquella que fluye sin cesar del n\u00facleo de la Tierra, en Hawai. Aqu\u00ed tambi\u00e9n la lava funciona como excusa o puntapi\u00e9; a partir de esta preocupaci\u00f3n inicial (la serpiente de lava que atraviesa la isla es una de las im\u00e1genes m\u00e1s potentes, no solo del film, sino del FestiFreak en general), el norteamericano Fern Silva nos introduce en diversos aspectos de la isla: ciencia, arte, naturaleza, historia y vida cotidiana se cruzan en un fluir tan hipn\u00f3tico como el de la lava misma. Aqu\u00ed lo pol\u00edtico cobra forma, por ejemplo, en la reflexi\u00f3n en torno al hecho de que un famoso actor norteamericano (Dwayne \u201cThe Rock\u201d Johnson, de ascendencia samoana por parte materna), y no un nativo, represente en una pel\u00edcula al rey Kamehameha, figura hist\u00f3rica que tuvo un rol clave en la unificaci\u00f3n de las islas. No es del todo injusto, sin embargo, sospechar una cierta idealizaci\u00f3n en el recorte que Silva efect\u00faa sobre Hawai. Se abre, entonces, una pregunta por el fuera de campo. <em>Rock Bottom Riser <\/em>trabaja una tensi\u00f3n valiosa entre creencias ind\u00edgenas y ciencia moderna, \u00bfpero es posible que otras tensiones \u2014econ\u00f3micas, sociales\u2014 tengan densidad en el presente de la isla, y queden sutilmente ocultas en el mosaico que el documental propone?<\/p>\n\n\n\n<p>La argentina Luiza Gon\u00e7alves, por su parte, explicita desde el vamos la pregunta que organiza su corto <em>Un bananero no es casualidad<\/em>: \u00bfpor qu\u00e9 hay bananeros en San Sebasti\u00e1n, la ciudad espa\u00f1ola en la cual reside? Lo que podr\u00eda ser una puerta a la investigaci\u00f3n, con sus inevitables entramados de idas, vueltas y callejones sin salida, termina quedando a mitad de camino. El procedimiento es curioso. Por un lado, hacia el final del cortometraje, Gon\u00e7alves nos ofrece una respuesta a la pregunta inicial: en San Sebasti\u00e1n, una ciudad de fuerte peso tur\u00edstico, los bananeros existen exclusivamente por razones est\u00e9ticas. Pero durante el transcurso del film solo escuchamos a la realizadora hablando por tel\u00e9fono con empleados de la dependencia municipal de Parques y jardines, quienes desconocen por completo la respuesta al interrogante. Lo que queda expuesto, finalmente, es poco m\u00e1s que ignorancia administrativa; la investigaci\u00f3n en s\u00ed nos es escamoteada. La relaci\u00f3n entre lo que vemos y escuchamos tampoco juega a favor del corto: bellas im\u00e1genes en f\u00edlmico de bananeros y libros sobre el tema discurren absortas, divorciadas del di\u00e1logo telef\u00f3nico entre la cineasta y los empleados municipales.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3817\" width=\"644\" height=\"362\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p-1536x864.png 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/p.png 1920w\" sizes=\"(max-width: 644px) 100vw, 644px\" \/><figcaption> <em>Rock Bottom Riser<\/em> (Fern Silva, 2021)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Es en la pel\u00edcula restante donde todo estalla. <em>Een weefsel van licht<\/em> (<em>A Weave of Light<\/em>), del holand\u00e9s Bram Ruiter, es un hallazgo que se arma y desarma plano a plano; que seduce desde el descentramiento, el corrimiento, la asociaci\u00f3n libre. Ruiter dialog\u00f3 con seis personas \u201cque apenas conoc\u00eda\u201d utilizando como disparador el misterioso contenido de un cartucho de Super 8 jam\u00e1s revelado: un modo sutil de entender al cine como generador de lazos humanos. Claro que nada ser\u00eda tan demoledor si el trabajo visual de Ruiter no intentara, a su vez, dialogar con los seis protagonistas; filigranas cruzadas que eluden lo obvio. Dice Ad, uno de los participantes del intercambio: \u201cHay una extensi\u00f3n invisible detr\u00e1s, que es&#8230; que no ha desaparecido, pero est\u00e1 completamente fuera de nuestro alcance. Como si descubrieras que, despu\u00e9s de todo, la vida es interminable; que este biotopo se expande sin cesar o&#8230; no lo s\u00e9, palabras\u2014\u201d<sup><a href=\"#nota2\">(2)<\/a><\/sup>. Palabras que se cortan abruptamente; quedan restos luminosos de dudas, deseos, figuraciones: puertas que abren puertas que abren puertas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como en <em>Hay un fantasma m\u00edo<\/em> el recorte estrecho de im\u00e1genes no resulta suficiente para comunicar ese mundo privado turbulento, <em>A Weave of Light<\/em> sostiene la bandera de lo m\u00faltiple: en sus diez magros minutos parecen caber un sinf\u00edn de posibilidades. La distancia entre lo visto y lo o\u00eddo abre un tercer campo de significados; la asociaci\u00f3n inmediata es <em>(nostalgia)<\/em>, aquel mediometraje de Hollis Frampton en el cual Michael Snow hablaba sobre una serie de fotograf\u00edas a medida que eran prendidas fuego \u2014pero lo dicho nunca se correspond\u00eda con la imagen encendida. El corrimiento, en aquel caso, era en apariencia \u00ednfimo: la narraci\u00f3n se anticipaba a la foto por unos pocos minutos. Aqu\u00ed lo l\u00fadico se potencia: entre una cosa y la otra se abre un abismo. El fuego \u2014creaci\u00f3n, destrucci\u00f3n\u2014 tambi\u00e9n tiene un rol clave en el corto de Ruiter: una olla hirviente aguarda sus vegetales, algo que parece ser hierro fundido cambia de recipiente (y no podemos evitar pensar en la lava de Hawai y en otro film de Frampton: el hipn\u00f3tico <em>Winter Solstice<\/em>). Sin embargo, no es el fuego lo que representa con m\u00e1s claridad a <em>A Weave of Light<\/em>. Durante una de las intervenciones vemos a un hombre caminar por un desarmadero de autos: llueve, los planos cerrados generan cierta claustrofobia; los colores de los coches y el piloto amarillo del paseante funcionan como contrapunto de la grisura general. Deniz, el entrevistado de la escena en cuesti\u00f3n, bucea en <em>off <\/em>entre sus pensamientos, parece perdido; en cierto momento se decide: \u201cTengo permitido existir. Tengo permiso de ser\u201d. \u00bfDe que nos pueden servir los jirones de luz si no abrazamos nuestro derecho a descubrirnos nebulosos, incomprensibles?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-2 is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"767\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1-1024x767.png\" alt=\"\" data-id=\"3819\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3819\" class=\"wp-image-3819\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1-1024x767.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1-300x225.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1-768x575.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/3-1.png 1436w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"767\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10-1024x767.png\" alt=\"\" data-id=\"3809\" data-full-url=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10.png\" data-link=\"https:\/\/taipeirevista.com\/?attachment_id=3809\" class=\"wp-image-3809\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10-1024x767.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10-300x225.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10-768x575.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/10.png 1439w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\"> <em>Een weefsel van licht<\/em> \/ <em>A Weave of Light<\/em> (Bram Ruiter, 2021)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:13px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os, la cr\u00edtica y programadora alemana Cristina Nord, pensando en el cine \u201cde festivales\u201d de la primera d\u00e9cada del siglo, dijo que la melancol\u00eda est\u00e9tica, si bien puede llegar a dar buenos resultados, tiene un problema de fondo: \u201ces una actitud que se da cuando uno siente malestar frente a su entorno, pero no puede cambiar nada\u201d<sup><a href=\"#nota3\">(3)<\/a><\/sup>. Espec\u00edficamente, hablaba del cine de su pa\u00eds, pero hay algo en la idea de melancol\u00eda que puede ayudarnos a profundizar en este corpus de films de diversos pa\u00edses. Como primer paso, podemos retomar la distinci\u00f3n entre <em>mirar hacia adentro<\/em> y <em>mirar hacia afuera <\/em>de varios p\u00e1rrafos atr\u00e1s. Entre los films intimistas, hay dos (<em>Un bananero no es casualidad, Hay un fantasma m\u00edo<\/em>) que recaen en fracasos asfixiantes; sus obsesiones nimias impactan, cada una a su manera, en una despreocupaci\u00f3n comunicacional. El tercero, aquel de las mil y una im\u00e1genes vinculadas con el oc\u00e9ano, comparte cierto car\u00e1cter monol\u00f3gico, pero con una particularidad: es plenamente honesto en su b\u00fasqueda. Se trata de un film que intenta descifrar un misterio emocional; el callej\u00f3n sin salida est\u00e1 en la base misma de su concepci\u00f3n. De las pel\u00edculas que salen a preguntarse por el mundo, <em>Les Antilopes <\/em>comparte con<em> One Thousand and One Attempts\u2026<\/em> la certeza de que es acerc\u00e1ndonos a las im\u00e1genes aportadas por internet como mejor podemos entender el v\u00ednculo contempor\u00e1neo con lo audiovisual; ambos films est\u00e1n repletos de im\u00e1genes vastas, impactantes (amplias sabanas tomadas desde las alturas, oc\u00e9anos capaces de devorar a cualquier humano), pero en formato de bolsillo-megap\u00edxel (achicamos lo inabarcable para que entre en un disco r\u00edgido, luego \u2014doble dominaci\u00f3n\u2014 lo observamos desde nuestras computadoras). El film de la lava y el del cartucho de Super 8, por su parte, triunfan en su voluntad de apertura, y en c\u00f3mo incluyen en su interior las dificultades que eso conlleva \u2014parecen decir: conocer\/aprender (lava) y dialogar (Super 8) son tareas dif\u00edciles, pero vale la pena intentarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>La edici\u00f3n 17 del Festifreak incluye numerosos momentos de melancol\u00eda, de miradas de reojo hacia el pasado que se vuelven puro gesto, sin voluntad de modificar el futuro o siquiera de comprender lo que supuestamente hemos dejado atr\u00e1s. <em>Cero en conducta<\/em>, sin embargo, se corre de ese lugar. Con la excepci\u00f3n de <em>Un bananero&#8230;<\/em>, todas las obras proponen, en alg\u00fan sentido, un rechazo a la melancol\u00eda est\u00e1tica que preocupaba a Nord. Y all\u00ed reside, justamente, lo impactante: estamos ante una selecci\u00f3n imaginativa de pel\u00edculas preocupadas por el presente y el futuro, y as\u00ed y todo la sensaci\u00f3n global es de desencanto. Se trata de una suerte de inmovilidad involuntaria, que nos impele a conocer la isla de Hawai, pero nos deja absortos y confundidos; a criticar la compra de drones por parte de un gobierno, pero nos deslumbra con videos de manadas de ant\u00edlopes corriendo; a dialogar con casi desconocidos sobre deseos y angustias diversas, pero sugiere que la \u00fanica comunicaci\u00f3n posible es trabada y balbuceante. Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En un mundo de texturas ca\u00f3ticas, el desaf\u00edo es lograr mantenernos en pie.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3815\" width=\"627\" height=\"353\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m-1024x576.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m-300x169.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m-768x432.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m-1536x864.png 1536w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/m.png 1920w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><figcaption><em>Rock Bottom Riser<\/em> (Fern Silva, 2021)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div style=\"height:22px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota1\"><strong>1<\/strong> Podemos nombrar, tambi\u00e9n, a<em> Las Reinas<\/em> de Victoria Mar\u00e9chal, parte de la competencia de cortos argentinos, o a <em>Some Kind of Intimacy<\/em>, peque\u00f1a joya de la secci\u00f3n <em><a href=\"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2021\/10\/13\/esto-tambien-pasara\/\">El tiempo recobrado<\/a><\/em> dirigida por el brit\u00e1nico Toby Bull.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota2\"><strong>2<\/strong>&nbsp;Los subt\u00edtulos de <em>A Weave of Light<\/em> fueron realizados para el FestiFreak por Valentina Musa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota3\"><strong>3<\/strong> Cristina Nord, \u201cCuando lo nuevo de lo nuevo empieza a envejecer\u201d, en <em>Cine del ma\u00f1ana<\/em> (ed: Roger Koza) (2010). Buenos Aires: INCAA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una cita de &#8220;Mi mundo privado&#8221;, libro inclasificable de Elvio E. Gandolfo, tal vez sirva para poner en perspectiva ciertas dificultades de la estetizaci\u00f3n transparente de lo \u00edntimo: \u201cMe gustar\u00eda, pero lo siento: no puedo darles una imagen representativa de mi mundo privado. 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Estudi\u00f3 las carreras de Licenciatura y Profesorado de Sociolog\u00eda (FaHCE-UNLP). Es docente, cr\u00edtico y director de\u00a0Taipei \\\/ Cr\u00edtica de cine y Taipei Libros. Escribi\u00f3 para publicaciones como\u00a0La vida \u00fatil, Pulsi\u00f3n,\u00a0D\u00e9tour,\u00a0La Cueva de Chauvet,\u00a0Tierra en trance, Caligari, Letercermonde,\u00a0Vinilos Rotos,\u00a0indieHearts, y los fanzines del Cineclub TY\u00d6. Colabor\u00f3 en la edici\u00f3n del libro\u00a0La imagen primigenia\u00a0(Malisia, 2016), coedit\u00f3\u00a0Giallo. Crimen, sexualidad y estilo en el cine de g\u00e9nero italiano\u00a0(Editorial Rutemberg, 2019) y\u00a0Mumblecore. Exploraciones sobre el cine independiente norteamericano\u00a0(Taipei Libros, 2023), y edit\u00f3\u00a0Paisajes opacos. Sobre las nubes en el cine\u00a0(Taipei Libros, 2022). Particip\u00f3 con art\u00edculos en los libros\u00a0Pull My Daisy y otras experimentaciones. La Generaci\u00f3n Beat y el cine\u00a0(2022; ed: Mat\u00edas Carnevale);\u00a0Cuadernos de cr\u00edtica 01. Un nuevo mapa latinoamericano\u00a0(2019; eds: Cecilia Barrionuevo y Marcelo Alderete), editado por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata; Cine argentino: hechos, gente, pel\u00edculas (2024; ed: Fernando Mart\u00edn Pe\u00f1a); y Una historia del cine documental argentino (2025; ed: Javier Campo). Dicta talleres y cursos sobre historia, teor\u00eda y cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica. Se desempe\u00f1\u00f3 como redactor de cat\u00e1logo en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Actualmente colabora con el Festival Internacional de Cine de La Plata Festifreak. 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Estudi\u00f3 las carreras de Licenciatura y Profesorado de Sociolog\u00eda (FaHCE-UNLP). Es docente, cr\u00edtico y director de\u00a0Taipei \/ Cr\u00edtica de cine y Taipei Libros. Escribi\u00f3 para publicaciones como\u00a0La vida \u00fatil, Pulsi\u00f3n,\u00a0D\u00e9tour,\u00a0La Cueva de Chauvet,\u00a0Tierra en trance, Caligari, Letercermonde,\u00a0Vinilos Rotos,\u00a0indieHearts, y los fanzines del Cineclub TY\u00d6. Colabor\u00f3 en la edici\u00f3n del libro\u00a0La imagen primigenia\u00a0(Malisia, 2016), coedit\u00f3\u00a0Giallo. Crimen, sexualidad y estilo en el cine de g\u00e9nero italiano\u00a0(Editorial Rutemberg, 2019) y\u00a0Mumblecore. Exploraciones sobre el cine independiente norteamericano\u00a0(Taipei Libros, 2023), y edit\u00f3\u00a0Paisajes opacos. Sobre las nubes en el cine\u00a0(Taipei Libros, 2022). Particip\u00f3 con art\u00edculos en los libros\u00a0Pull My Daisy y otras experimentaciones. La Generaci\u00f3n Beat y el cine\u00a0(2022; ed: Mat\u00edas Carnevale);\u00a0Cuadernos de cr\u00edtica 01. Un nuevo mapa latinoamericano\u00a0(2019; eds: Cecilia Barrionuevo y Marcelo Alderete), editado por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata; Cine argentino: hechos, gente, pel\u00edculas (2024; ed: Fernando Mart\u00edn Pe\u00f1a); y Una historia del cine documental argentino (2025; ed: Javier Campo). Dicta talleres y cursos sobre historia, teor\u00eda y cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica. Se desempe\u00f1\u00f3 como redactor de cat\u00e1logo en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Actualmente colabora con el Festival Internacional de Cine de La Plata Festifreak. 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