{"id":6469,"date":"2022-10-23T17:38:18","date_gmt":"2022-10-23T17:38:18","guid":{"rendered":"https:\/\/taipeirevista.com\/?p=6469"},"modified":"2022-12-24T01:37:06","modified_gmt":"2022-12-24T01:37:06","slug":"mas-aca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/taipeirevista.com\/index.php\/2022\/10\/23\/mas-aca\/","title":{"rendered":"M\u00e1s ac\u00e1"},"content":{"rendered":"\n<p>Antes, mucho antes de su vida en el cielo, las nubes caminan la Tierra. Adoptando formas dispares \u2014niebla, vapor, humo o polvareda\u2014, se pasean con la ligereza de quien ya se sabe lejano. Son nubes del m\u00e1s ac\u00e1, protectoras y da\u00f1inas. Cuando se disfrazan de niebla, sus m\u00e1culas diminutas, ni muy livianas ni tan pesadas \u2014ni nube ni gar\u00faa\u2014, perviven en el <em>entre<\/em> como agua en constante evaporaci\u00f3n. Vueltas vapor, danzan verticales y h\u00famedas de transparencia, bullen a borbotones de las cosas a presi\u00f3n. El humo les ofrece varios colores: cuerpos blancos, grises o negros; detalles rojos de incendio o azulados de combusti\u00f3n. Otras veces prefieren volar como polvareda, tierra desprendida del suelo e impulsada hacia las alturas siguiendo el vaiv\u00e9n horizontal del soplido. Son nubes entrecanas o atardecidas que de arriba apenas caen y de abajo apenas remontan. Nubes de otra \u00edndole, m\u00e1s finas, palpables, inestables; m\u00e1s d\u00e9biles, porque est\u00e1n a nuestro nivel y, en ciertas ocasiones, podemos hacerles frente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al ser tan bajas, al estar tan aferradas a la humanidad, las nubes del m\u00e1s ac\u00e1 nos entorpecen el futuro. \u00abPodr\u00eda haber hecho tantas cosas\u00bb, se lamenta Joni Mitchell en \u00abBoth Sides, Now\u00bb, \u00abpero las nubes se interpusieron en mi camino\u00bb. El contraf\u00e1ctico es doloroso. Duelen los pasados sin pisar, el presente sin devoluci\u00f3n, los proyectos inconclusos. Para no terminar azulados hay que aprender a despejarse, pero c\u00f3mo saber hacia d\u00f3nde ir si las se\u00f1ales se escriben en lenguas desconocidas. Una bifurcaci\u00f3n: caminar o filmar. O adentrarnos en el espacio incierto y manotear, en esa asfixia visual, un poco de luz \u2014cargando los ojos y los pies de belleza indescifrable para luego volcarla en el pa\u00f1o blanco\u2014, o aquietarse, dejar fluir el tiempo y registrar, mientras la contingencia del clima nos salva de la ceguera, la respiraci\u00f3n solitaria del paisaje. Larry Gottheim, cineasta de vanguardia estadounidense, opta por el camino de la detenci\u00f3n. Se mueve en la espera, otorgando, con <em>Fog Line<\/em> (1970), un voto de confianza a la diligencia de la niebla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00fanico plano le alcanza para condensar el arte del tiempo cinematogr\u00e1fico. La voluntad del cineasta y el desinter\u00e9s de las nubes coinciden en lo alto de una colina. Tambi\u00e9n coincide la c\u00e1mara, que se posa inm\u00f3vil apuntando a la lejan\u00eda para dejarnos ver que no hay, en un primer momento, lo que se dice nada. Solo un gran lienzo blanco con variaciones de verdes que aparecen espor\u00e1dicas, manchas abstractas que se revelan como un test de Rorschach contra la opacidad de la neblina. La l\u00ednea del horizonte es inexistente. Algunas l\u00edneas cruzan el plano, pero el cruce es tangencial y no hace a la divisi\u00f3n de dos mundos. No hay suelo ni cielo: hay desconcierto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_05.49.509.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6470\" width=\"469\" height=\"354\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_05.49.509.png 633w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_05.49.509-300x227.png 300w\" sizes=\"(max-width: 469px) 100vw, 469px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Fog Line<\/em> (Larry Gottheim, 1970)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>El borrador de mundo que se entinta en los primeros minutos del metraje le otorga rienda suelta a nuestra imaginaci\u00f3n. Un sol negro por encima de los cables \u2014\u00bfcables, cuerdas, ra\u00edles?\u2014 ilumina con sombras la figura antropom\u00f3rfica que acapara el centro del cuadro: el monstruo asomando la cabeza en el Lago Ness; Godzilla emergiendo de las nubes de Jap\u00f3n. Se perfilan, por detr\u00e1s, monta\u00f1as tit\u00e1nicas de bordes curvos, con bases y picos inciertos y, por delante, formaciones decoloradas en gradientes cristalinos. La fantas\u00eda dura lo que la sorpresa \u2014poco y nada\u2014, pero las dudas persisten. Lo que ahora, despu\u00e9s de unos minutos de completa borrosidad, comienza a dejarse ver, \u00bfes producto de la c\u00e1mara que se aleja o es el cielo el que se desprende del vapor con un resoplido incesante?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Despacio, como si el destierro \u2014o el desaire\u2014 fuese inevitable, la niebla va mermando. Lo condensado se llueve invisible. La expansi\u00f3n desde su interior ubicuo, sin centro, debilita la uni\u00f3n entre las gotas y deshilacha la tensi\u00f3n que las manten\u00eda unidas: ya no pueden abrazarse. Si supiesen c\u00f3mo, si tuviesen la altura necesaria, se dejar\u00edan caer en lluvia, particularizando la despedida. Pero todav\u00eda inmadura, la niebla se esfuma a la no existencia: se deja abrasar por la luz del sol. La profundidad de campo \u2014zona de nitidez por delante y detr\u00e1s del punto de foco\u2014 se escabulle hasta penetrar la bidimensionalidad aparente del tel\u00f3n blanco y vuelve a cargar de fondo el l\u00edmite horizontal. En su medida justa, la niebla remanente comulga con la c\u00e1mara y se vuelve recurso ideal para exaltar las distancias entre los elementos que componen el plano. Los humos p\u00e1lidos suavizan detalles y apagan colores poniendo en perspectiva aquello que se dibuja en los confines de la imagen. Al terminar de disiparse, sin premura y sin ayuda externa, la niebla revela poco a poco lo que ocult\u00f3 en su blanco cuerpo. Hay piso, camino y una mancha negra en el lente. Hay colinas onduladas y en pendiente que sostienen \u00e1rboles frondosos, desparejos e inofensivos. Hay quienes ven caballos pastar en la llanura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-3 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"633\" height=\"478\" data-id=\"6471\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_00.10.859.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6471\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_00.10.859.png 633w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_00.10.859-300x227.png 300w\" sizes=\"(max-width: 633px) 100vw, 633px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"633\" height=\"478\" data-id=\"6472\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_01.41.040.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6472\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_01.41.040.png 633w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_01.41.040-300x227.png 300w\" sizes=\"(max-width: 633px) 100vw, 633px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"633\" height=\"478\" data-id=\"6473\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_04.29.595.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6473\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_04.29.595.png 633w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Fog.Line_.1970.DVDRip.x264-LAA.mkv_snapshot_04.29.595-300x227.png 300w\" sizes=\"(max-width: 633px) 100vw, 633px\" \/><\/figure>\n<figcaption class=\"blocks-gallery-caption wp-element-caption\"><em>Fog Line<\/em> (Larry Gottheim, 1970)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Al finalizar el cortometraje sabemos un poco m\u00e1s que al comienzo, pero acaso en el fondo siempre supimos lo que supon\u00edamos no saber. \u00bfQu\u00e9 otra cosa hubiese podido esconderse detr\u00e1s de la niebla que no fuera el mundo? No sabemos del color de los \u00e1rboles ni de su movimiento, pero ya sabemos de pigmentos y de azar; creemos ver \u2014queremos ver\u2014 caballos salvajes aliment\u00e1ndose entre los pastizales para darle vida al cuadro, pero incluso en la indeterminaci\u00f3n animamos luz negra y monstruos imposibles. En su intenci\u00f3n de ocultar el mundo, la niebla abre un portal hacia un otro lado fant\u00e1stico desde el cual acechan, reprimidos, los miedos y deseos de quien se abisma a su cauce.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ocasionalmente, el quiebre entre este mundo y el mundo otro es abrupto, como sucede en <em>Kiri (The Fog) <\/em>(Takahiko Iimura, 1970), reverso nip\u00f3n del cortometraje yanqui. El mismo incordio, la misma borrosidad que en <em>Fog Line<\/em> negaba la llanura, resurge para devorarse \u00e1rboles, cielo y monta\u00f1as. Ya duchos en la fenomenolog\u00eda de la niebla, esperamos el esclarecimiento del paisaje de forma paulatina. Pero el asombro no cesa. La niebla se esparce, s\u00ed, pero de sopet\u00f3n, como si el cielo se practicara un <em>harakiri<\/em> con un arma blanca de nubes. Iimura, eligiendo la senda de la acci\u00f3n certera, del caminar obstinado, desgarra con poder mon\u00e1dico el velo opaco que nubla la vista: le impone el tiempo de la revelaci\u00f3n. La claridad dura solo un instante, porque los dos \u00e1rboles renegridos que se abren paso entre la niebla, tan pronto como se dejan ver, desparecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Iimura y Gottheim nos muestran que las cosas que no ve\u00edamos estaban ah\u00ed y que siempre lo estuvieron. Dejando que el viento pase o forzando el corrimiento de la ficci\u00f3n, nos alivianan la presi\u00f3n de tener que imaginar un mundo nuevo, para atr\u00e1s y para adelante, una y otra vez, con las facultades limitadas del condenado a la cercan\u00eda, sabiendo que no ser\u00e1 ni por asomo el mejor de los mundos posibles. No hay que desesperar: queda tiempo para que el tiempo haga lo suyo. Pero la espera es agotadora.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/the-fog-1-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6498\" width=\"469\" height=\"360\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/the-fog-1-1.png 626w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/the-fog-1-1-300x230.png 300w\" sizes=\"(max-width: 469px) 100vw, 469px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Kiri (The Fog) <\/em>(Takahiko Iimura, 1970)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*<\/p>\n\n\n\n<p>La niebla espesa, rural, se traslada a la ciudad y desembarca en <em>Senza Mostra <\/em>(Jean-Claude Rousseau, 2011) para ocultar lo que hay detr\u00e1s: una Venecia fr\u00eda, quieta, abrigada de turistas. Si para no mostrar algo es necesario mostrar aquello que oculta lo que no quiere ser visto, el empaste blanco, pegajoso y h\u00famedo que tizna pasillos y g\u00f3ndolas se ofrece como recurso a la situaci\u00f3n. Con las manos detr\u00e1s del cuerpo y un sobretodo gris por encima, Rousseau se para de cara al limbo para dejarse borrar bajo la bruma. Sigue la recomendaci\u00f3n de Cristina Peri Rossi y:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-left is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Deja que el gris<\/p>\n\n\n\n<p>difumine los contornos<\/p>\n\n\n\n<p>y con tinieblas<\/p>\n\n\n\n<p>envuelva todas las cosas:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>en los vapores de humedad<\/p>\n\n\n\n<p>flotan los rostros&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>las casas<\/p>\n\n\n\n<p>los recibos de la luz<sup><a href=\"#nota1\">(1)<\/a><\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La niebla lo engulle todo. Se est\u00e1 y no se est\u00e1 en lo que dura un llamado telef\u00f3nico; en lo que dura un adi\u00f3s. Se manduca personas, se zampa luz. La densidad palpable, su tristeza cenicienta, agrisa el paisaje veneciano. Solo al comienzo \u2014y en los segundos finales, acompa\u00f1ado de una melod\u00eda silbada con aroma a \u00abLa vie en rose\u00bb\u2014 hay noticias del sol. Parados en el centro de la estela, los colores pierden su gracia y la espera se hace eterna: no hay paisaje pintoresco que distraiga la atenci\u00f3n del hecho de que todo, m\u00e1s all\u00e1 de los alrededores del cuerpo, sea exactamente igual. Frente a la c\u00e1mara, bajo la niebla, la identidad le cede lugar a la equivalencia. De espaldas a c\u00e1mara, adentr\u00e1ndose en la niebla invariable, los amantes siluetados, los ennegrecidos solitarios, los hijos abrigados y padres apurados le dan juego a la percepci\u00f3n: ya no parecieran alejarse hacia otra calle, hacia otra locaci\u00f3n, continuando, folleto en mano, el itinerario de visita, sino que parecen, involuntariamente, desmarcarse. La niebla vuelve a negarle a la c\u00e1mara la profundidad de campo y hace del alejamiento un eterno caminar en el lugar, reduciendo el tama\u00f1o de quien camina hasta desatomizarlo en un fundido a blanco.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>La niebla no act\u00faa con violencia, como la tormenta, castigando, a veces pedregosa, con la gravedad de su lado, sino que advierte. Es arena movediza horizontal que renueva el desenga\u00f1o y tiende a la inestabilidad. Quien se atreve a cruzarla se va para no volver. Aqu\u00e9l que vuelve \u2014si lo hace\u2014 siempre es otro y lo hace goteando alteridad. Por eso nos cuesta reconocerlo. Permanece la sorpresa, el impacto de presenciar la mutaci\u00f3n de la niebla en silueta y de silueta en remembranza, sin poder sortear el camino correcto para dar con el recuerdo de lo que se nos presenta; permanece, tambi\u00e9n, el dolor de no haber tenido la fortaleza suficiente para detener la partida inicial. Esto parece mostrarnos Rousseau: que la niebla y el olvido se sientan a la misma mesa. Masaoka Shiki escribe:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-left is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Al volver la vista,<\/p>\n\n\n\n<p>aquel con quien me cruc\u00e9<\/p>\n\n\n\n<p>envuelto en niebla<sup><a href=\"#nota2\">(2)<\/a><\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" data-id=\"6479\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_09.36.345.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6479\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_09.36.345.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_09.36.345-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" data-id=\"6476\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_08.45.209.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6476\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_08.45.209.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_08.45.209-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n<figcaption class=\"blocks-gallery-caption wp-element-caption\"><em>Senza Mostra <\/em>(Jean-Claude Rousseau, 2011)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Todos los que en la niebla se alejan de nosotros, todos aquellos a quienes ya no les queda nada, nadie m\u00e1s por perder, y parten por cuenta propia, lo hacen para siempre. Y aquellos que no lo hacen, aquellos como el poeta que vuelve sobre sus hombros a observar el pasado, aquellos que no podemos sacudirnos los bordes y desaparecer en el silencio, los que todav\u00eda seguimos en pie, seremos alcanzados, tarde o temprano \u2014m\u00e1s tarde que temprano, pero alcanzados al fin\u2014, como en un sue\u00f1o, suave, imperceptible y hasta deseable al comienzo; d\u00f3cil, omnipresente e inevitable al final, por la niebla, la misma niebla que recorre el mundo, incansable, recolectando los rostros ajados, como de nadie, y ajenos, ya irrecuperables, de la humanidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ya es tarde. Hubo tiempo, el tiempo de Iimura y Gottheim, pero cu\u00e1nto m\u00e1s se puede sostener la incertidumbre. Cu\u00e1nto m\u00e1s es posible restringir el deseo. No queda m\u00e1s que dejarse ir, junto con los residuos de la esperanza, del otro lado del tel\u00f3n. Aquellos que en <em>Senza Mostra <\/em>hacen tiempo en la terminal de ferry San Zaccaria Piet\u00e0 \u2014aquellos que intentan hacer algo \u00fatil con el tiempo que les resta\u2014 tal vez esperen un transbordo inusual. Una g\u00f3ndola fantasmag\u00f3rica, un ferry destartalado, un bote chamuscado: alguna embarcaci\u00f3n con destino al olvido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-left is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>y, de vez en cuando,<\/p>\n\n\n\n<p>se deslizan \u2013sin ser vistos\u2013<\/p>\n\n\n\n<p>los fantasmas<\/p>\n\n\n\n<p>de las cosas que deseamos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>sin osar decir su nombre.<sup><a href=\"#nota3\">(3)<\/a><\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La niebla no solo se traga la visibilidad del lugar, sino tambi\u00e9n algunos timbres del paisaje sonoro. Reiteradas campanadas de iglesia inundan la plaza central; los bocinazos de alerta del ferry sobrevuelan el puerto y dan aviso a quienes corresponda; Rousseau, entre silbidos desprevenidos, pone monedas en una cabina telef\u00f3nica, no marca, espera, escucha un bocinazo, cuelga y se va; el rumor del viento y del oleaje, fundidos entre los ronroneos de los motores, ambientan la espera mar\u00edtima. La imagen salva estas puntualidades sonoras del silencio porque no solo contribuyen a poblar el vac\u00edo, sino que tambi\u00e9n permiten transicionar entre los planos y los bloques negros que los mantienen aislados. Los murmullos de los transe\u00fantes, sus ch\u00e1charas pasajeras, conforman un flujo sonoro ininterrumpido que se despega de la referencialidad de la imagen en los momentos en los que parecer\u00eda ser m\u00e1s acorde. Al encontrar puntos de sincronismo fortuitos, ojos y o\u00eddos no vuelven al estado ingenuo de asincron\u00eda: esperan continuar por la senda de la concordancia. Buscan los momentos precisos donde la masa amorfa de sonido y la masa informe de imagen se recortan juntas, suturando la herida e impidiendo que una se desborde por sobre la otra. A veces suenan m\u00e1s turistas de los que hay, a veces menos. A veces sus bocas se mueven al hablar, a veces hablan sus pensamientos. Rousseau prefiere captarlos de lejos, de espaldas, callados. Aunque parezca redundante, solo hablan desde el sonido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a\u00fan m\u00e1s que esas voces en diferentes lenguas, fuera de tiempo, son los pasos los que resuenan con mayor bravura en la disociaci\u00f3n. Parecieran ser pasos de doblaje, de <em>foley<\/em>, de cine cl\u00e1sico y moderno, con la reverberancia caracter\u00edstica de galp\u00f3n vac\u00edo. Pasos aislados para su resincronizaci\u00f3n, para sazonar de sentido el patear las calles, como si el micr\u00f3fono estuviese direccionado al suelo inmediato. Rousseau intensifica la presencia del caminar porque es de lo \u00fanico que tenemos certezas entre la niebla: m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de nuestra silueta est\u00e1 el vac\u00edo. La opacidad nos impide ver en el otro un rostro reconocible. Solo tenemos noticias del andar, de un taconeo desprevenido, de una frenada en seco: el material de la fantas\u00eda. Los pasos act\u00faan como huellas sonoras amplificadas por la neblina, caja de resonancia que dispersa los rebotes de luz y concentra la sonoridad del ambiente. Estamos cerca, a un paso de la bruma, a un abrazo de distancia, aunque nuestros ojos crean en la falsa lejan\u00eda que la niebla y la c\u00e1mara imaginan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_02.52.859.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6478\" width=\"468\" height=\"351\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_02.52.859.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Senza-Mostra.mkv_snapshot_02.52.859-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 468px) 100vw, 468px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Senza Mostra <\/em>(Jean-Claude Rousseau, 2011)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Como Rodolfo Fogwill, que escrib\u00eda para no ser escrito, en <em>Fog Line<\/em>, <em>Kiri (The Fog) <\/em>y <em>Senza Mostra<\/em> la niebla se inscribe en el plano a fuerza de voluntad, evitando ser descrita como algo accesorio. Adquiere tonalidades dispares, se vuelve m\u00e1scara de lo de atr\u00e1s. Se vuelve patina descarada que enceguece el h\u00e1bito; velo de humedad condensada que aleja cercan\u00edas. Se vuelve murmullo de una despedida eterna, de un alejamiento entre dos singularidades mediadas por palabras tard\u00edas y un cielo que delega la claridad al viento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*<\/p>\n\n\n\n<p>Viento y agua corroen el recuerdo y sedimentan el olvido. En ocasiones, los restos se agitan y se elevan, volvi\u00e9ndose polvareda. Las nubes, tambi\u00e9n, son nubes de polvo. Act\u00faan como la niebla, deglutiendo las siluetas que intentan atravesarla, cegando a los transe\u00fantes que se enfrentan al paisaje, desmarcando fronteras y demarcando incertidumbre. Lo vemos en <em>Nubes<\/em> (Jorge Honik, 1969): dos siluetas resisten el polvo que les pega de costado; las hojas de palmera se mecen por la bravura del viento; las hierbas m\u00ednimas del desierto, amarronadas y enraizadas con fuerza al suelo resquebrajado, resisten la polvareda que cruza la calle sin mirar a los costados. Entre lo anaranjado des\u00e9rtico, entre el calor interregno del atardecer despejado, Honik incluye al polvo dentro del campo sem\u00e1ntico de lo nublado, porque ha visto c\u00f3mo aquello que provoca la niebla lo replica el polvo y c\u00f3mo ambos se disputan la permanencia en el campo de batalla sobre nuestras cabezas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si la niebla nos ciega limitando nuestro horizonte de visi\u00f3n, de forma pasiva, actuando sobre el mundo, la polvareda lo hace hiriendo nuestros ojos sin mediaciones. La niebla de polvo nos sume en tinieblas de irritaci\u00f3n que nos afectan porque, aunque seamos barro, somos menos tierra que agua. Y a\u00fan as\u00ed, a\u00fan el barro primordial y las autopistas de sangre, a\u00fan las l\u00e1grimas de sal y los r\u00edos azulados, nuestra piel tersa y sus poros, si desenfocados, pueden volverse material de polvareda: pueden volverse parte de aquello que nos hiere. Esa capacidad innata de morir, de ser heridos por migas de los otros que fuimos \u2014herencia y resabio de una divinidad segada\u2014, ese ser-para-el-polvo se vuelve la base de <em>Desert<\/em> (Stan Brakhage, 1976). Invitado a California (\u00abOh California i\u2019m coming home\u00bb<sup><a href=\"#nota4\">(4)<\/a><\/sup>), Brakhage mentaliza un cortometraje que nace errado. Imagina que viajar\u00e1 a un amplio desierto, del cual podr\u00e1 derivar m\u00faltiples filmaciones, pero solo encuentra, al llegar, un suburbio des\u00e9rtico. Expectativa y realidad no comulgan. Desilusionado pero sin renunciar a su idea, desempolva el ingenio y lustra una tesis: el p\u00e1ramo est\u00e1 en nuestro interior. Para alimentar su desierto casero desmaterializa los objetos de una habitaci\u00f3n de hotel: una mesa agrietada, un tabl\u00f3n de madera, un piso astillado, una cortina de lino; elementos que bajo el desenfoque se espejan en el curso del tiempo y se vuelven residuo yermo, granos de arena que pueblan la materialidad de la imagen rugosa. La c\u00e1mara pareciera presentificar no solo el pasado sino tambi\u00e9n el futuro. Pareciera saber que todo lo que est\u00e1 dejar\u00e1 de estar como est\u00e1; que todo lo que es dejar\u00e1 de ser como es y ser\u00e1 otra cosa. Que la substancia perder\u00e1 su forma y se volver\u00e1 m\u00e9dano y duna, carb\u00f3n y ceniza. Ve con claridad el ma\u00f1ana de las cosas y repite hasta la sed el mismo mantra: <em>pues polvo eres, y al polvo volver\u00e1s<\/em>.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-3 is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"693\" data-id=\"6482\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_01.11.322-1024x693.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6482\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_01.11.322-1024x693.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_01.11.322-300x203.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_01.11.322-768x520.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_01.11.322.png 1064w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"693\" data-id=\"6480\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.23.740-1024x693.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6480\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.23.740-1024x693.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.23.740-300x203.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.23.740-768x520.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.23.740.png 1064w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"693\" data-id=\"6481\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.13.763-1024x693.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6481\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.13.763-1024x693.png 1024w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.13.763-300x203.png 300w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.13.763-768x520.png 768w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Nubes-Jorge-Honik-1969-720p.mkv_snapshot_00.13.763.png 1064w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<figcaption class=\"blocks-gallery-caption wp-element-caption\"><em>Nubes<\/em> (Jorge Honik, 1969)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Las texturas pardas del interior y los paisajes solitarios del exterior se amalgaman en el fuera de foco. M\u00e1s bien, lo hacen bajo la uniformidad que genera la puesta en foco en alg\u00fan punto irrisorio entre los objetos con identidad definida. Porque as\u00ed como ocultar es mostrar lo que oculta lo ocultado, desenfocar tambi\u00e9n es poner el foco en otra cosa: en el horizonte, o en una hoja presurosa, o en una mota de polvo del tama\u00f1o de un haluro de plata. La p\u00e9rdida de foco en extrema proximidad a los objetos hace que estos ingresen al campo de lo microsc\u00f3pico. Accedemos a las configuraciones moleculares, a la atomicidad misma para reordenar las estructuras y accidentar la sustancia. Los objetos se funden en una mismidad que es pura potencia para surgir renovados, restituidos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Existen muchas formas de perder el foco. Brakhage aprovecha no solo la distorsi\u00f3n f\u00edsica de la cercan\u00eda, sino tambi\u00e9n las variaciones l\u00fadicas de las fuentes lum\u00ednicas. Combinando lentes, superficies y energ\u00eda, la \u00f3ptica devuelve formas caleidosc\u00f3picas que var\u00edan junto al anillo de enfoque. Las aberraciones geom\u00e9tricas en el eje horizontal y vertical redefinen los contornos y los patrones gr\u00e1ficos de las luminarias; las aberraciones crom\u00e1ticas de haces que no convergen colorean rebarbas imprevistas en los sujetos. Los resultados carecen de la redondez de las nubes: tienen bordes definidos, geometr\u00edas sin curvas, y responden a movimientos espasm\u00f3dicos y brutos. En su informidad abstracta \u2014como lo prefieren los cineastas que apuntan al ojo de la mente\u2014 nos invitan a buscar parecidos no solo en las nubes, sino tambi\u00e9n en los propios haces desfigurados.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" data-id=\"6483\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.25.839.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6483\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.25.839.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.25.839-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" data-id=\"6484\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.24.741.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6484\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.24.741.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_04.24.741-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n<figcaption class=\"blocks-gallery-caption wp-element-caption\"><em>Desert<\/em> (Stan Brakhage, 1976)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En <em>Desert <\/em>atardece con latencia, con la moderada tardanza de un d\u00eda que ya se sabe perdido. La brisa naranja unifica el paisaje, dejando lugar a breves claros verde-azulados que se abren en la imagen como cielos transitivos: mediod\u00edas sin nublar y suelos fr\u00edos que contrastan con la calidez diurna. El sol cae en par\u00e1bola, carbonizando las palmeras solitarias que se bambolean con el viento, chamuscando las matas de pasto seco que esconden ojos amarillos. Tal vez el due\u00f1o de estos ojos, un curioso gato negro, sea el \u00fanico ser con sangre caliente en el desierto; las pocas formas que podr\u00edamos identificar como personas aparecen espor\u00e1dicas y distorsivas, sin poder competir contra el desdibujamiento que el foco hace pesar sobre sus cuerpos. A lo lejos, autos miniatura, como de juego el\u00e9ctrico, aceleran intempestiva e impredeciblemente para detenerse y volver a empezar, levantando nubes de polvo a ras del suelo. Tambi\u00e9n negras, las nubes empolvadas avanzan, se arman y desarman en velocidades inusuales. Desertan el mundo terrenal y se elevan a los cielos invit\u00e1ndonos, ahora s\u00ed, a mirar hacia arriba, a observar la glotoner\u00eda del sol hinchado de luz, las contorsiones del astro pinchado y chorreante por la precisi\u00f3n del foco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La luz ed\u00e9nica se filtra por las arrugas de las nubes, por sus cicatrices, su resquebrajada piel de algod\u00f3n, dispersando los restos del d\u00eda en peque\u00f1as soledades. Entre la calma diurna, un \u00faltimo plano nos acerca al extremo: el sol, desdibujado por el foco, adopta la forma de la infancia \u2014estrella puntiaguda en una esquina de la hoja blanca\u2014 y amaga a irse por el horizonte. Pero como los caminantes fijos en <em>Senza Mostra,<\/em> el sol-cruz roza tangencial la recta paralela sin nunca llegar a cruzarla. Nos deja con la vista puesta en el l\u00edmite, en el <em>entre<\/em>, en lo que rasga la eternidad y la divide en dos: cielo y tierra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*<\/p>\n\n\n\n<p>Ya sabemos del atardecer y sin embargo seguimos levantando la vista. Seguimos esperando algo distinto, lo que en su novedad alivie nuestros pesares. Gusta tanto el quiebre, el deslinde, que en esa espera olvidamos qu\u00e9 es aquello que, sin modificarse, nos colma de deseo para seguir mirando. No es la paleta de colores que se pinta aleatoria en el carb\u00f3n de la tarde, sino el poder: la posibilidad de lamer del tarro de la divinidad y sentir el gotear del tiempo en el rostro. En esos minutos de percepci\u00f3n sensibilizada, somos capaces de entender c\u00f3mo las cosas cambian de estado frente a nuestros ojos. C\u00f3mo el atardecer, tajo horizontal que desangra al d\u00eda, lo deja muerto para que nazca la noche; c\u00f3mo el calor del amanecer cicatriza la herida y se guarda las estrellas en el bolsillo. C\u00f3mo el sol, al irse, emite rayos verdes, y c\u00f3mo, a veces, hay luna donde no deber\u00eda. C\u00f3mo la luz se derrite al ocultarse y las nubes, atentas a ese acto, acompa\u00f1an el teatro perdiendo color, difumin\u00e1ndose como humo negro de incendio voraz; c\u00f3mo se enfurecen, ellas, nubes, poni\u00e9ndose por delante, ya negras, no cubriendo el cielo, sino ocultando que detr\u00e1s suyo no hay, ni siquiera para la c\u00e1mara, nada. C\u00f3mo todo es una cuesti\u00f3n de l\u00edmites. Y c\u00f3mo, tambi\u00e9n, las cosas no son como pens\u00e1bamos: el cielo no nos contiene, es la extensi\u00f3n del fr\u00edo del universo pero coloreado con nubes armoniosas que nos distraen de una idea: que si el universo nos muestra un poco, solo un poco, es porque necesita ocultarnos el resto.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_06.30.670.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6485\" width=\"470\" height=\"353\" srcset=\"https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_06.30.670.png 640w, https:\/\/taipeirevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Desert.1976.BDRip_.XviD-SPRiNTER.avi_snapshot_06.30.670-300x225.png 300w\" sizes=\"(max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Desert<\/em> (Stan Brakhage, 1976)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota1\"><strong>1<\/strong>&nbsp;Peri Rossi, C. (2021). <em>Detente, instante, eres tan bello. Poes\u00eda reunida.<\/em> C\u00f3rdoba: Caballo Negro Editora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota2\"><strong>2<\/strong>&nbsp;Haya, V. (2007). <em>Haiku-d\u00f4. El haiku como camino espiritual.<\/em> Barcelona: Kair\u00f3s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota3\"><strong>3<\/strong>&nbsp;Ibid 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\" id=\"nota4\"><strong>4<\/strong>&nbsp;Mitchell, J. (Compositor). (1971). \u201cCalifornia\u201d. [J. Mitchell, Int\u00e9rprete] Hollywood, California, Estados Unidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al ser tan bajas, al estar tan aferradas a la humanidad, las nubes del m\u00e1s ac\u00e1 nos entorpecen el futuro. \u00abPodr\u00eda haber hecho tantas cosas\u00bb, se lamenta Joni Mitchell en \u00abBoth Sides, Now\u00bb, \u00abpero las nubes se interpusieron en mi camino\u00bb. El contraf\u00e1ctico es doloroso. 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