Lágrimas de cocodrilo

En su último encuentro antes de separarse profesionalmente, el reportero Aaron Altman le hace notar a su amiga Jane Craig, quien se encarga de producir los noticieros y de quien él está enamorado, que Tom Grunick, presentador de noticias del cual ella cree estar enamorada, grabó el testimonio de una víctima de violación con una sola cámara. Peor todavía: en la filmación, Grunick sale lagrimeando. Ella corre hacia el estudio de la cadena y revisa las cintas, verificando que Tom había falseado su emotividad ante el relato, imprimiéndose lágrimas artificiales con el fin de vender una realidad transfigurada, distorsionada y sensacionalista, que apela a la indignación y el golpebajismo y se opone a su idea de un registro espontáneo y con un compromiso con la verdad. Los ojos húmedos ahora son los de Jane, quien estaba dispuesta a comprar el idilio romántico con Tom y termina reconociendo la contradicción entre su deseo y sus valores. Finalmente se decanta por lo último: su integridad no tiene precio.

La desconfianza en las imágenes es uno de los ejes centrales de Detrás de las noticias (Broadcast News, 1987), sátira de los medios de comunicación masivos dirigida, escrita y producida por James L. Brooks. Tras el éxito avasallante que había significado su debut como director La fuerza del cariño (Terms of Endearment, 1983), para su siguiente película Brooks decidió poner el foco en el proceso de construcción de las imágenes televisivas, medio con el cual se encontraba extremadamente familiarizado(1). Estrenada en pleno reaganismo, en ella se anticipa la prevalencia actual de noticias manipuladas que son presentadas bajo un aura de veracidad por una prensa que se ha adaptado inteligentemente a la era digital como mecanismo ideal para transmitir realidades implantadas. En su lugar, el periodismo comprometido por el cual aboga su protagonista ha sido relegado a un plano de total insignificancia. Este proceso de mercantilización de las noticias, del que la película se hace eco, ha generado su asimilación en la era del consumismo como otro consumo más, si bien nunca se ignoró su poder manipulador de masas.

El trío sobre el que descansa la historia fue encarnado por tres actores en estado de gracia: William Hurt, Albert Brooks y Holly Hunter. Cada uno de los personajes representa una idea acerca del trabajo en los medios. Tom (Hurt) funciona como una suerte de reverso del estereotipo de “rubia tarada”: un hombre que escala socialmente por su cara bonita y su imagen seductora, un vendedor de noticias incapaz de entender y comprender críticamente aquello que debe comunicar. Su contracara es Aaron (Brooks), quien cuenta con estudios universitarios y es respetado por sus colegas; un sabueso que hace su trabajo con compromiso hacia la verdad pero no es lo necesariamente seductor como para despertar la admiración del público y los altos ejecutivos. Entre ambos se da un intercambio de anhelos en el cada uno ve las falencias propias en las virtudes del otro: Tom, consciente de su propia ignorancia(2), admira la capacidad intelectual de Aaron, mientras que este último envidia el carisma de su compañero. En el medio se encuentra Jane (Hunter), mujer resolutiva e independiente capaz de lidiar con la presión de un trabajo mentalmente demandante que implica la supresión de cualquier tipo de vida personal. Jane manifiesta con esporádicos y solitarios quiebres emocionales la insatisfacción que siente con su estilo de vida. Además, mantiene un férreo código ético bajo el cual aquellos noticiarios que produce deben ajustarse a una idea de espontaneidad, evitando que la realidad se convierta en una puesta en escena. Sin embargo, sus creencias se ponen en duda cuando se ve atraída hacia Tom, quien representa todo aquello contra lo que ha luchado. Su deseo se vuelve difuso y se mezcla con el vínculo que mantiene con ambos: su funcionalidad laboral despierta tanto la admiración de Tom como la de los altos ejecutivos de la cadena, hecho que parece conspirar contra la ética profesional que comparte con Aaron. 

La película logra desnudar esa doble dinámica antagónica entre la efectividad de la manipulación de imágenes perfectas para el consumo contra la integridad que representa el respeto a los hechos cuando se adentra en la dinámica laboral de la cadena. El estilo ético se pone de manifiesto en el reportaje que Aaron y Jane realizan a un grupo de rebeldes sandinistas en Nicaragua: la preparación meticulosa de ambos sobre el tema, al punto que él sostiene un intercambio fluido en español con uno de ellos, resalta el respeto de ambos hacia el tema y los entrevistados. Ella incluso se encoleriza cuando ve que uno de los cámaras ficcionaliza una toma, destacando su concepción de fidelidad hacia la realidad. Su labor es recompensada cuando logran capturar el tiroteo entre el grupo y unos contras. Un mecanismo mixto se presenta durante una emisión de emergencia por el ataque de un avión libio a una base estadounidense. Por decisión de los directivos Aaron es dejado afuera, mientras Jane debe encargarse de que Tom salga airoso en la transmisión. Lo que sigue es una deconstrucción tríptica de la información donde la sabiduría de Aaron es traspasada hacia Jane por línea telefónica, mientras ella le transmite por auricular a Tom la data que debe salir al aire, que él vende con facilidad debido a su naturaleza carismática. Un modelo perfecto: seductor para las audiencias y ceñido a factores verídicos. La idea de un sistema sensacionalista fundado en una base de mentiras y degradante de la fidedignidad de los medios se plantea en el único reportaje en el que Jane no participa: el que Tom realiza a una víctima de violación. De hecho, en una conferencia ella advierte sobre los peligros de la prevalencia de este modelo. Al ser ignorada por sus colegas del rubro, Jane anticipa la consolidación de este sistema como el que atrae mayor consumo dentro de la sociedad hasta hoy: noticias falsas, sesgadas, impulsadas por intereses político-económicos, que apelan a la indignación antes que a la veracidad, buscan generar desconfianza entre los consumidores y traen como resultado la pérdida del valor de las imágenes como agentes transmisores de la realidad(3).

Esa reconversión del trabajo periodístico hacia la elaboración en masa de productos amarillistas listos para ser consumidos remarca otra de las temáticas centrales de la película: la mercantilización de la vida cotidiana resultado de la globalización. Cuando Aaron recurre a Tom para que lo ayude a presentar las noticias nocturnas, el principal consejo que le da es que recuerde que no está presentando la realidad sino que la está vendiendo. La ineptitud de Aaron para adaptarse al modelo comercial le genera una crisis que se exterioriza en un ataque de nervios y sudor al dar las noticias: un llanto interno que es liberado a modo de respuesta a la autoexigencia de adaptarse al modelo capitalista. Después de su fracaso, se vuelve consciente de los cambios del sistema cuando, en un reproche hacia Jane, compara a Tom con el diablo al describirlo (no sin saña personal) como un agente atractivo y seductor que poco a poco bajará los estándares sociales de la población y hará que prevalezca el brillo por encima de la sustancia. Pese a esto, Tom nunca presenta rasgos de malicia, sino que tan solo es esclavo de su propia ignorancia. Este servilismo lo convierte en un agente ideal para asegurar la prevalencia del nuevo sistema. Por otra parte, al ver la cotidianeidad del trabajo en las oficinas podemos ver cómo el éxito se convierte en una cuestión de eficiencia y rentabilidad. Jane es el mejor ejemplo de esto: su brillante desempeño genera admiración en sus compañeros y superiores, pero a expensas de sacrificar cualquier posibilidad de disfrute personal. Esto provoca en ella múltiples crisis emocionales, ya que plantea un modelo de vida estresante en el que las personas viven por y para su trabajo.

Los ejecutivos de la cadena rara vez se hacen presentes en el lugar. Son hombres de negocios y no de prensa, que priorizan el éxito de audiencias por sobre el contenido periodístico de calidad. En esa lógica se enmarca su decisión de contratar a gente como Tom, seductora e irresistible, capaz de vender cualquier información a una audiencia incapaz de cuestionar su veracidad. Si el contenido que producen no genera una ganancia económica, no les tiembla el pulso para hacer recortes presupuestarios. En la incipiente lógica globalista de las empresas esto se traduce inevitablemente en el despido de aquellos empleados que no brindan eficiencia monetaria, indiferentemente de su preparación profesional o su antigüedad: las personas se convierten en elementos descartables. En esta línea, la solidaridad de quienes llegaron a lo más alto es impensada, como se ilustra cuando el presentador de noticias estrella (interpretado por una estrella, Jack Nicholson) reacciona de manera gélida ante la posibilidad de recortar su salario para hacer menos grave la reducción de personal. Él único consuelo posible se encuentra en la cooperación y el respaldo entre colegas, remarcando que el humanismo es la mejor herramienta de lucha contra la insensibilidad del sistema capitalista. Toda esa reconversión social como una oda a lo rentable remarca una idea que también se ha agigantado con el tiempo: la mercantilización de las personas, que son convertidas en un producto más del sistema y, si no son capaces de venderse, quedan marginadas.

Detrás de las noticias pertenece a una serie de películas de fin del siglo XX, como Cuerpos invadidos (David Cronenberg, 1983), El príncipe de las tinieblas (John Carpenter, 1987) y Sobreviven (John Carpenter, 1988), que alarman sobre el peligro de la manipulación de las imágenes masivas al advertir su capacidad como agente transmisor del mal. En este caso, Brooks construye su obra bajo las normas del relato clásico, rentable para las lógicas del mercado, y logra infiltrar efectivamente una crítica hacia ese mismo modelo que resulta de lectura fácil para el espectador(4). En ese razonamiento de priorizar la complacencia del público se rodó un final alternativo en el que Jane compra el sueño vacuo que le ofrece Tom y traiciona sus creencias(5). Un desenlace en apariencia feliz que oculta un cierre pesimista y traiciona los conceptos que la película defiende. La fuerza del destino hizo que prevaleciera el otro cierre, en el que mantiene sus valores y encuentra en ellos su sostén para resistir la corrupción de la sociedad. 


Notas

1  Fue el creador de una decena de series, incluyendo Taxi (1978-1983) y The Mary Tyler Moore Show (1970-1977), además de uno de los principales colaboradores de Los Simpson (1989-actualidad).

2  Incluso mantiene un código moral bajo el cual proclama que nunca debe pretender saber más de lo que sabe.

3  Tendencia que actualmente se ve acentuada por el auge de las inteligencias artificiales, capaces de generar imágenes que pueden pasar por una fotografía o video auténtico.

4  No le sucedió lo mismo con su película posterior, Dispuesto a todo (I’ll Do Anything, 1994), sátira sobre la industria hollywoodense que originalmente había sido ideada y rodada como un musical pero, debido a malos testeos de audiencia, en el montaje final le quitaron las canciones. Así fue como la obra perdió su esencia, según cuenta Jonathan Rosenbaum en el prólogo de Las guerras del cine.

5  El final alternativo puede verse en este enlace.

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