El cine argentino se muere de a poco. Muere una muerte gris, de soledad, de incertidumbre, de invierno. Muere la triste muerte del orgulloso. De aquél a quien no salva ni el recuerdo de lo que fué. El cine argentino, sus artesanos, sus actores, sus técnicos veteranos, sus peinadoras, sus extras de San Miguel, se van convirtiendo en una piedra seca, fea.(...)