01_Intro
-¡Estamos escuchando gritos como “Socialismo o barbarie”!
-Sí1.
02_La_flecha
Entre el puente de Zurriola y el de Santa Catalina se encuentra la calle de la República Argentina, uno de los lugares por los que un asistente al festival de cine de San Sebastián probablemente pase más de una vez. Allí está el lujoso Hotel María Cristina, donde la gente se arremolina para ver llegar a las estrellas, y el Victoria Eugenia, uno de los teatros que sirven, junto al Kursaal y al mucho más pequeño Principal, como epicentro de esta semana de películas en la ciudad donostiarra. Por esta calle, ya digo, caminar repetidamente es habitual, fijándote en los carteles que anuncian algunos de los largometrajes más destacados de los próximos días y otras producciones, casi siempre españolas, que no tienen presencia en el festival pero que aprovechan el marco para publicitarse.
De entre todos los carteles, había uno que destacaba por su localización y por contar con un pequeño detalle marketinero (una flecha sobresaliendo del anuncio) que atraía la mirada al instante, reclamando a codazos su posición de evento ineludible: el de La bola negra2, la última película de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

03_Una_guerra_civil_hot
Han pasado ya varios días desde que volvimos de Donosti y, al pensar en la escritura de una suerte de crónica o reflexión o diario de viaje del festival, no dejaba de pensar en cómo ha afectado a su recuerdo lo que desde entonces ha ocurrido en este país: movilizaciones por la situación de la vivienda, acampadas en diversas ciudades de España —destacando una en Sol (Madrid) de un tamaño y complejidad alucinantes—, el anuncio del adelanto de las elecciones generales para finales del próximo mes de noviembre y una inminente huelga general. Ante el desamparo institucional, movimientos sociales y proclamas en la calle, y ante la imposibilidad de, por mi parte, tejer un pensamiento interesante a raíz de lo visto en el festival, decido abrazar las ideas intrusivas y urgentes que me hacen vincular o contraponer lo que pasó aquellos días con lo que está pasando en el presente más inmediato. Y La bola negra, una de las participantes de la sección Perlas, que recoge algunas de las obras destacadas que ya han competido en Cannes, Venecia y similares, sirve como ejemplo paradigmático de una desconexión entre lo superficial y lo importante.

[…] la gran película sobre la Guerra Civil que todavía no existe no será aplaudida, y mucho menos festivamente
Mario Iglesias
Cuando se ensalzan aquellas novelas que tan afinada y antipáticamente desmonta el crítico literario Jorge Burón o aquellas películas hollywoodienses que monopolizan las salas comerciales y que desde tantos ángulos disecciona el crítico cultural Alberto Corona, creo que nos estamos haciendo un flaco favor a nosotros mismos. No es elitismo, sino que vale la pena poner sobre la mesa otras obras que enriquezcan la conversación (más allá de cuánto nos gusten). La bola negra es, en ese sentido, el enésimo esfuerzo por la concordia, una máscara de sofisticación que esconde, no sé si a propósito o por incapacidad, una domesticación de las expectativas del público. Una película en tres tiempos: uno con aspiraciones poéticas, otro con intenciones historicistas, y el último, en 2017, que sirve como una “reivindicación” desde el presente de la figura de Lorca. Esta última línea temporal funciona como estructuradora del discurso, y es la única en la que los Javis se permiten mostrar a sus personajes como personas, por mucho que caigan (en el caso de esa madre resentida) en lo caricaturesco. En las otras dos historias todo parece funcionar no ya como representación icónica de unos temas (aunque la escena en la que aparece Lorca parece estar protagonizada por un fantasma, una representación mítica, cuando lo interesante sería bajarlo a la tierra, mostrar de una manera más carnal que fue un poeta asesinado por rojo y homosexual) sino como representación estética, una búsqueda de la belleza visual a toda costa. “Querían una guerra civil hot”, ha dicho Ana López Cobos, directora de vestuario de la película. Rodar de esa manera a los soldados fascistas, erotizar sus cuerpos, y vestirlo del interesado discurso de la complejidad, a un paso de “la guerra entre hermanos”, es una decisión consciente y, a mi parecer, terrible.
La existencia de esta película en este momento, con su correspondiente intento de monopolizar la conversación a través de la presencia en televisión y en espacios públicos, permite prestarle atención al contraste entre los reels de gente ocupando esos mismos espacios a través de la protesta y la reivindicación3, y las personas que se graban antes y después de ver La bola negra para performar un poco en redes sociales (y esto no es una crítica a esas personas, cada uno con sus cosas, sino al esfuerzo mediático y publicitario de Movistar+ y derivados por convertir esto en un evento comfy). Siguiendo a la frase de Mario Iglesias que he puesto antes, nos debería alarmar que una película de esta temática y aspiraciones tenga como último objetivo conseguir el mayor número de premios Oscar; hay puertas que, como tan bien representa la ovación en Cannes, incluyen peajes que hay que preguntarse si vale la pena pagar. Los Javis hablan de un cine queer mainstream, y a mí me cuesta mucho no ver ahí un oxímoron.
Riff final: aprovecho para recomendar Las dos memorias de Jorge Semprún. No sé si es esa gran película-documental sobre la guerra civil española, pero es un buen lugar desde donde empezar a hablar.



04_No_quería_hacer_una_lista_pero
Entre las películas que vimos, quisiera destacar cinco por afrontar sus temáticas (políticas, sociales, fuertemente vinculadas con nuestro presente) de maneras que considero interesantes por uno u otro motivo:
_Teenage Sex and Death at Camp Miasma de Jane Schoenbrun → Después de esos dos artefactos difícilmente clasificables que eran We’re All Going to the World’s Fair y I Saw the TV Glow, vuelve Schoenbrun con su película más digerible y quizá también más disfrutable. Un abordaje en clave queer de los slashers de los 80 que se retuerce sobre sí misma en una suerte de ejercicio festivo que mezcla sangre, sexo y lecturas de género. Cineasta que no escapa de sus evidentes influencias sino que las acoge, las cuestiona y las aborda desde una inteligencia divertidísima.
_Minotaur de Andrey Zvyagintsev → De la ligereza de Schoenbrun pasamos al estilo plomizo y calculado del director ruso Zvyagintsev, que vuelve casi diez años después de su última película. Quedan atrás las comparaciones con Tarkovski del inicio de su carrera, sobre todo con The Return, y en esta Minotaur, como en Leviathan o Loveless, vuelve a centrarse en una familia de la Rusia contemporánea. Ahora, una mezcla de drama sentimental de un matrimonio en horas bajas y un comentario obvio pero efectivo en su frialdad sobre el papel burocrático de los empresarios rusos en la guerra de Ucrania. Una película fría que acaba funcionando por plasmar un cierto estado de apatía.
_Tender Loving Care de Mike Leigh → Ganadora de la Concha de Oro y probablemente la última película de la carrera del director británico, empieza como una especie de drama ligero sobre dos amigas trabajadoras sociales en una Inglaterra post-Brexit, mezclando escenas cómicas entre las dos con otras más graves alrededor de distintas personas en riesgo de exclusión social, y poco a poco va girando hacia la relación de una de ellas con sus padres y los cuidados que vienen inevitablemente unidos a la vejez. La película hace equilibrios entre tonos y la deriva del último tercio, en mi opinión bastante superior a todo lo anterior, vuelve imposible clasificarla de otra manera que irregular, pero hay algo en la mirada compasiva y empática de Leigh que es siempre emocionante.
_A veces me entra tristeza, otras veces rebelión de María Aparicio → Probablemente mi favorita del festival. Madrid sale bellísima en esta película argentina que, más allá de la anécdota argumental de un hombre y una mujer que se encuentran en el Museo Reina Sofía y comienzan una suerte de amistad, es un ejercicio teórico sobre la lucha de clases y el momento político-económico que atraviesa la clase obrera. Película marxista con una aproximación sencilla, de diálogos expositivos y un último tercio que consiste en entrevistas con gente trabajadora de distintas procedencias. En ese acercamiento tan transparente y directo es donde Aparicio encuentra el motivo y el corazón de su obra. Una preciosidad. Y Roger Koza, una leyenda.
_Possible Love de Lee Chang-dong → Última película que vimos en el festival, el esperado regreso del cineasta surcoreano después de la ya algo lejana Burning. El resultado es extraño, una de esas obras difíciles de catalogar que, como ya pasaba con la anterior, deambula por diferentes tonos con una intención que parece esquiva, como si no quisiera nunca revelar cuáles son sus intenciones. Conflictos laborales derivados en huelgas, choque de clases (la comparativa con Parásitos es posible, aunque esta es más incómoda), registro documental de los dramas familiares y de las frustraciones sociales… Todo resulta en un mix que no sabría decir si funciona, porque han pasado días y todavía no consigo aclarar la impresión difusa con la que salí de la sala. Es sin duda una de las cosas más estimulantes y valiosas que vimos en estos días.

05_Outro_(Y_ahora_qué)
Recuerdo que en el anterior San Sebastián que cubrí para Taipei, allá por 2022, volví con la sensación de que la experiencia no había tenido mucho valor, quitando la parte puramente personal de que volver a esta ciudad siempre es un placer. Aquellas palabras de Mariano Llinás sobre que el cine seguía comportándose como si tuviese una importancia que ya no tiene siguen resonando cuatro años después, aunque con los matices de saber que hay ciertos cines y ciertos cineastas que demuestran que el uso de las imágenes sigue siendo relevante en cómo leemos y entendemos el mundo, incluso más que nunca. Sobreabundancia de imágenes, proliferación de aquellas creadas por la IA, todos sabemos de qué estamos hablando, y el cine, como mastodonte del siglo XX, creo que sigue preguntándose cuál es su papel más allá de los circuitos comerciales de películas que, disfrutándolas más o menos, no tienen mucho que decir en este sentido. En todo esto, el rol de los grandes festivales sigue siendo acomodaticio a las tendencias de la burguesía europea y estadounidense.
Ha sido la última edición de José Luis Rebordinos como director del festival, y más allá de verlo como una oportunidad de cambio de cara a los siguientes años, me resigno a pensar que las cosas van a seguir como en la última década: San Sebastián es uno de los grandes festivales de cine del mundo, aunque a rebufo de otros (Cannes y cía) que siguen aglomerando los grandes nombres de esa clase alta cinematográfica. No seré yo, desde la comodidad del afuera, quien vaya a arreglar este problema de relevancia y personalidad, pero sigo pensando que secciones como Zabaltegi-Tabakalera, donde se muestran películas más arriesgadas, son el camino a seguir. Entiendo que hay que tener actores famosos y películas que muevan al público casual, porque en parte sustentan muchas de las sesiones del festival, solo que habría que preguntarse, en estos tiempos sobrepoblados de opciones y estímulos, si centrarse en eso no es pan para hoy y hambre para mañana.
De momento, la rueda de los festivales sigue girando, y las películas, de la forma en que siempre hemos entendido lo que es una película, se siguen haciendo. Habría que escuchar a los y las cineastas que, a la pregunta de cómo ven el estado actual del cine, contesten: a veces me entra tristeza, otras veces rebelión.

Notas:
- Respuesta de una integrante de la Coordinadora Juvenil Socialista que participaba en una de las manifestaciones en Madrid por la vivienda a la observación escandalizada de una periodista de un infame programa televisivo de Telemadrid. El silencio después de la respuesta es, como dirían por ahí, puro cine. ↩︎
- Leer siempre el título con el acento de Glenn Close, una de las decisiones de casting (no la única) más hilarantes de la película. ↩︎
- Aprovecho para recomendar el estupendo texto de Guillermo Martínez sobre la acampada de Sol y la tensa relación con las imágenes en un momento como este. ↩︎
