Luego de ocho números publicados en substack, este newsletter titulado Polvo rojo se muda, igual que los protagonistas de la película analizada, a Taipei.
En Historias de Tokio, Yasujiro Ozu retrataba las tensiones generacionales entre adultos mayores y jóvenes en el Japón de la posguerra. En Una historia de Taipei, que puede leerse como un homenaje al maestro japonés, Edward Yang transporta la acción al presente de la ciudad taiwanesa, llegando a la tragedia social a través de un cambio de paradigma personal: Lung vuelve de un viaje a Estados Unidos y se muda a un departamento en Taipei junto a su novia Chin.
Taipei, ciudad moderna, sufre las mismas transformaciones que los protagonistas: una tensión constante entre un pasado tradicional y violento y un futuro liberal y democratizador. Luego de una ley marcial que duró 38 años (y aún estaba vigente, aunque suavizada, durante la filmación de la película) bajo el régimen del Kuomintang o Terror Blanco, y décadas de ocupación japonesa anterior a ese período, Taiwán se enfrentaba (como la China continental) a una apertura hacia occidente, una industrialización rápida y una liberalización y crecimiento económico hiperveloces que convirtieron a la isla en uno de los países más desarrollados de Asia. En ese contexto, Lung representa el pasado rural, tradicional y sanguinario de Taiwán, al centrarse en su mundo íntimo de las ligas menores de béisbol, el sentimiento de deber en relación a ayudar económicamente la pyme de su suegro, asediada por la gran industria, y su confusión con respecto a cómo tratar a las personas en esta nueva ciudad. Ya no estamos ante el mismo Taipei de pandillas violentas que había retratado el propio Yang en A Brighter Summer Day, ni de represión y razzias policiales que supo filmar Hou Hsiao-hsien en Ciudad doliente. Chin, por su parte, parece acostumbrarse más rápido a la nueva ciudad, trabajando en el mundo empresarial y juntándose con amigos jóvenes y confiados en bares donde suena música de Michael Jackson, aun cuando un pesar la acompaña: como en la última película de Yang, Yi Yi, la ciudad abruma y oprime, la arquitectura y el espacio encapsulan a nuestros personajes en cuadros dentro del cuadro, alienándolos y aletargándolos, casi como un documental sobre los cambios estructurales en los edificios de Taipei, cada vez más indistinguibles entre sí.

No es casual que Yang haya elegido a su amigo y compañero de generación, Hou Hsiao-hsien, para protagonizar la película. La Nueva Ola Taiwanesa fue un movimiento de cineastas, en el que ellos dos fueron las figuras más preponderantes, que se encargaron no solo de documentar el presente de Taiwán, sino de reescribir su pasado, restituir la voz de los oprimidos por el régimen del Terror Blanco ante una Historia que se relataba censurada y cercenada. Las comparaciones con Ozu tampoco son casuales: más allá de los sendos homenajes con la propia Una historia de Taipei y la posterior Café Lumière de Hou, filmada en Japón, esta generación supo tomar del director japonés no solo las historias transgeneracionales y los cambios sociales que vivía un país —una región— abierto a un nuevo mundo occidental que se mezclaba con valores ancestrales y milenarios (desde un lado más cosmopolita Yang, desde uno más popular Hou), sino que entendieron la cualidad particularmente enfática del plano fijo como potenciador del efecto catártico del melodrama.
Cerca del final de Una historia de Taipei, los pillow-shots de Ozu resuenan en habitaciones vacías bañadas por el sol, luego de que la turbulencia social haya desembocado, como siempre en Yang, en un crimen violento: Lung yace apuñalado en la calle mientras Chin se sumerge aún más de lleno en el mundo empresarial, en un plano final donde ella mira a la ciudad y esta le devuelve un reflejo opaco. Asomada al abismo de un capitalismo voraz, presagia lo que vendrá.




Santiago Damiani nació en Buenos Aires en el año 2000. Estudia la Licenciatura en Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Colaboró con críticas para medios como Taipei o Izquierda Web, y para el catálogo del 18° Festival Internacional de Cine Independiente de La Plata FestiFreak.
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