Los misteriosos caminos de la vida. Análisis de “Alone”, de John Hyams

Claude Chabrol utilizó el término “metafísica” para referirse al cine de Alfred Hitchcock, alentado por la idea que el director tenía del suspenso. Para Chabrol, el suspenso en Hitchcock funcionaba como una manera de manipular el espacio y el tiempo. También decía Chabrol (y tenía razón) que la clave para entender el subtexto de las películas de Hitchcock eran los elementos religiosos, porque Hitchcock es específicamente un pensador católico. En su momento, se lo tomó de loco: Hitchcock era un artesano berreta con buenos gags. Pero, con el tiempo, Hitchcock llegó a ser considerado uno de los más grandes directores de la historia del cine. Hizo falta un libro (y todavía siguen haciendo falta, a pesar de todos los que se hicieron) para que se entienda su grandeza.

Alone (John Hyams, 2020) nos presenta una visión del mundo plenamente hitchcockiana. No tanto por cómo está filmada, sino por los temas que se tratan a lo largo de la película. Especialmente aquellos sobre la mirada religiosa y la metafísica.

Las tres partes en las que se divide el film (“Los caminos”, “El agua”, “La lluvia”)(1), el escenario principal (El bosque), y que la película sea una suerte de “viaje del héroe” conllevan inmediatamente a que el espectador piense en cierto camino hacia la divinidad que va a atravesar la protagonista, afectado también por una búsqueda de la redención.

¿Acaso en el mundo no somos todos culpables de algo? Pensémoslo así: una mujer deja atrás su vida en la ciudad (hermano y padres incluidos) después del suicidio de su marido, y es secuestrada por un padre de familia. El tercer personaje del film es un cazador que la intenta salvar, y que lo hace sin pedir nada a cambio. Entonces: es culpable tanto el asesino, este hombre casado, como ella, quien no deja de ser quien ha abandonado a su familia (he aquí el “reflejo”, tan importante dentro de la simbología cristiana). Y también el cazador, que justamente, habiendo salvado a la protagonista, elimina animales por puro deporte(2).

También, en esa idea de polaridad que maneja la película, donde el malo tiene bondad y el bueno tiene maldad (esto está también en los films de Hitchcock, de otra manera: mientras más inocente es el protagonista, más culpable se hace), se encuentra la “doble vida”3. No se trata de cuestionar moralmente a los personajes, sino de ponerlos al descubierto, como si de un libro se tratase. El padre de familia es, efectivamente, un hombre cariñoso, respetuoso con su mujer, amoroso con su hijo. Es también un asesino despiadado, brutal. Una idea que se afirma con un chiste, cuando el cazador le dice a la protagonista: “Intentá comer el sandwich de queso y miel. Mi esposa hace unos excelentes sandwichs”. En esa dualidad que manejan estos dos personajes, se hace presente la dualidad de la propia protagonista. Ella, que se involucra en una situación desesperante, es la misma que previamente abandonó a su familia. Dejemos de lado la gravedad de una cosa y de la otra (ciertamente es mucho peor ser secuestrado a que tu familia te deje plantado), y pensemos en una frase que dice el asesino: “¿En serio vas a decir que estás peor ahora que cuando dejaste tu casa?”.

Como bien me señaló una persona, es en M de Fritz Lang que el asesino silba constantemente (El rey de la montaña de Grieg; Peer Gynt). En la Scarface de 1932, sucede lo mismo. Y en The Night of the Hunter, aunque no silba, tararea. La connotación religiosa de estas tres películas es innegable, más que nada (y de manera más explícita) en The Night of the Hunter. No solo funciona como el asentamiento del mal (como los alguaciles cuando va a llover), sino también como un canto de ángel, un canto de salvación.

También hay otra figura, cuya existencia se da previa a la película, que es la del esposo suicida. ¿Qué es el suicida si no, según la Biblia, un pecador? Y los pecados se traspasan. Así como se traspasa la ruptura familiar (otro pecado) entre ella y el asesino (al final del film): ella tiene que hacerse cargo de que el suicidio de su esposo – en lo terrenal – es su propio pecado.

Es interesantísimo también cuando el asesino se hace pasar por el hermano de Jessica. ¿Es casual que la familia se haga presente en cada momento como elemento de la religiosidad y el balance de la vida? Lo vimos antes, en la escena del sótano.

Es decir: si en la escena en la que ella está secuestrada y es enfrentada a sus demonios y a sus pecados a través de un video que filmó con su esposo(4) no hubiese un gesto paternal por parte del secuestrador, que la toma en sus brazos como a una hija, se podría llegar a pensar que el asesino no es más que una adversidad para la “limpieza” del alma de Jessica; pero en realidad se entiende, gracias a este “gesto” (que en la imagen es él agarrándola a la fuerza, pero en el subtexto parece indicar otra cosa) que hay una suerte de convicción inconsciente del secuestrador en hacer pagar a Jessica (y por lo tanto limpiarla) por sus pecados.

El asesino reemplaza la figura del esposo, pero como padre, como figura protectora; y no necesita de un truco de magia o de un juego de cartas para esconder su verdadera naturaleza.

La metafísica en Alone se hace presente, no solo por el uso del suspenso (que también tiene, y del bueno) sino también por el uso de los espacios. Como señala Rohmer en la segunda parte de Hitchcock: Rear Window es metafísica por la imposibilidad de Jefferies de moverse de su departamento y hacer algo, a pesar de saberlo todo. No es descabellado pensar que la imposibilidad de Jessica de salir de su encierro funcione de la misma manera. Todo se encuentra desbalanceado. Y, lejos del mundo, donde no hay límites más allá del propio ser, se tiene que llegar nuevamente a un balance.

Al final hay una decisión digna de un maestro: un helicóptero se aproxima para salvar a la protagonista, pero el helicóptero no se muestra. Solo se puede ver a la protagonista mirando al cielo. Si se hubiera mostrado el helicóptero, no sería posible pensar en una salvación cristiana. Pero solo la mirada de Jessica me convence de que la salvación es divina, orquestada no por un milagro, sino por el destino. ¿No recuerda el bosque de la película al Edén pintado por Cole?

Para terminar, vuelvo a traer esa supuesta carencia de animales. La película, reafirmando de esta manera la visión bíblica del autor, termina con sonidos de animales del bosque, lo que lleva justamente a un razonamiento simple sobre por qué ahora hay animales y antes no los había.

Una película que invita a la reflexión, que invita al pensamiento, que invita a la relectura de los salmos(5). Una película que da para pensar, sin necesidad de dejar de lado lo lúdico y el entretenimiento.

Solo espero que no haga falta un libro escrito por dos franceses para que se le haga justicia a esta, permítanme el término, obra maestra.

Notas:

1 Se debe tener en cuenta que la película está separada explícitamente de esta manera, con capítulos que llevan estos títulos. Estos nombres se verán reflejados, luego, en la acción a suceder.

2 E intencionalmente no hay presencia de animales en la película, lo cual es bastante interesante, puesto que los animales son los únicos inocentes, según la palabra de Dios.

3 Un concepto católico que se puede ver en películas de Hitchcock como Vertigo (1958), North by Northwest (1959) y Psycho (1960), entre muchas otras. Si se busca un ejemplo no cinematográfico, se puede encontrar este concepto en la mayoría de los cómics de superhéroes o en la novela La muerte en Venecia de Thomas Mann.

4 Nótese que el marido hace un truco de magia frente a la cámara. Se “esconde” y se “revela” algo a la vez, con cartas de póker.

5 Se pueden ver muchas frases bíblicas reflejadas directamente en los diálogos del film, pero siempre camufladas a través del “estado de transparencia”, es decir: siendo parte del thriller.

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