“En Mar del Plata no existe un espacio municipal que fomente el desarrollo de la efervescencia cultural de la ciudad”

Carlos Müller nació en Mar del Plata en 1977, estudió guion y a los 20 años emigró a Buenos Aires becado por la ENERC. Se formó como realizador y licenciado en Filosofía. Montó una productora y realizó cortometrajes en 16 milímetros y video. Desde hace 15 años organiza el Cineclub Dynamo, que se caracteriza por proyectar en formatos fílmicos, este último tiempo funcionando en el Espacio Cultural Bronzini. Es docente en la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad Nacional de Mar del Plata. En 2019 fundó la Biblioteca de Cine Dynamo y estrenó el documental La vuelta de San Perón. Lo entrevistamos en Taipei para dialogar sobre el incendio del cine San Martín de Mar del Plata, ocurrido la noche del 13 de julio de 2021, y sobre la situación edilicia de otros cines históricos de la ciudad.


Iván Bustinduy: ¿Cuánto hace que el cine San Martín no está en funcionamiento?

Carlos Müller: El cine San Martín hace muchísimos años que no funciona como cine. Funcionó durante muchos años el CRU, el Centro de Residentes Universitarios. Ahí se hacían fiestas, o sea, funcionaba como un bailable. Y muchos años estuvo completamente desocupado y abandonado. El hecho de que haya estado desocupado y abandonado [implica que se mantuvo] fuera del interés de las sucesivas gestiones que estuvieron en Mar del Plata. Si pensamos en lo que es patrimonio histórico o cultural, alguien podría haberse encargado, podría haber puesto un interés en un cine tan importante y tan caro a los marplatenses y a los argentinos en general, porque Mar del Plata es una de las capitales del cine que tenemos en el país. Con un poquito de imaginación y ganas podría haberse recuperado un cine hermoso. Es absurdo —y creo que mucha gente comparte este pensamiento— que habiendo edificios tan históricos, tan importantes, se abandonen y se dejen venir abajo.

Incendio del cine San Martín de Mar del Plata

Álvaro Bretal: ¿Tenés conocimiento de otros cines en Mar del Plata que estén en situaciones similares? Por un lado eso, y por otro lado, ¿en general cuál es la situación de estos cines una vez que los cierran?, ¿inmediatamente se hace algo en su lugar o se los deja estar vacíos durante muchísimo tiempo?

CM: Sí, en bastantes cines de Mar del Plata el edificio básicamente sigue estando, por lo menos no los tiraron abajo. Pienso en el Ópera, en el Atlantic, el Luro… Cines donde el edificio sigue en pie, con distintos destinos: alguno puede ser un bingo, otro una iglesia evangélica… [Este último] fue uno de los rubros que más captó todos esos cines, por ser salones grandes, tener butacas, mirar todas hacia un mismo lado… Capaz en los noventa había una visión muy crítica respecto de los centros evangélicos, y hoy muchos de los cines se mantuvieron porque hubo templos evangélicos que no cambiaban mucho la fisonomía del lugar, no es que los destruían. Entonces los edificios están, hay algunos —por lo menos tres o cuatro— hermosos, en los cuales se podría hacer algo, y no es impensable que con voluntad política y con imaginación eso pueda suceder, en una ciudad que tiene el festival más grande de Argentina y de Latinoamérica. No sé, pónganse de acuerdo el municipio, el Instituto… Tan difícil no parece. Es un cine que ya está hecho, no es que hay que hacerlo; hay que, simplemente, dejar que no se destruya y recuperarlo, hacer los acuerdos que haya que hacer. Me parece que, con voluntad política, Mar del Plata podría tener dos o tres cines excelentes, y que la gente iría. También quiero recalcar eso. Porque no es que hay un loco que dice “bueno, voy a hacer un cine, ¿para qué?, si nadie va al cine”. Creo que, en términos de oferta cultural, la gente no puede elegir lo que no se le ofrece, y hoy no se le está ofreciendo una variedad de cines, de oferta cinematográfica. Y hay mucha gente, por ejemplo acá en Mar del Plata, que ahora que se volcó a carreras audiovisuales; hay mucho interés, hay una cinefilia presente y una mucho mayor latente, que podría hacer que esos espacios culturales funcionen como cines.

AB: ¿Sabés si en Mar del Plata hay cines municipales, o si hay algún tipo de movida en relación a eso? Porque, por ejemplo, en La Plata tenemos la experiencia de un cine municipal, el Select, que durante algunas gestiones se ha reactivado un poco, y ha habido mejoras, e incluso se ha construido otro cine, nuevo. Supongo que, si ya hay un cierto movimiento de parte del área de cultura en relación a eso, puede ser un poco más fácil de activar, a diferencia de municipios donde eso está en cero y está todo absolutamente desmantelado. ¿Cómo es la situación de Mar del Plata en relación a eso?

AB: Sería muy bueno que en Mar del Plata hubiera un centro municipal como el Hugo del Carril en Córdoba o El Cairo en Rosario, con un apoyo municipal importante, y que el municipio tenga un espacio cultural que funcione —que de hecho lo hay, pero está muy venido abajo ediliciamente y también la oferta que presenta. Creo que eso habla muy mal de las gestiones de cultura de Mar del Plata. Cultura no es una secretaría a la que se le dé importancia desde la misma secretaría, lo cual es absurdo, porque en una ciudad de casi un millón de habitantes uno pretende un espacio donde le den lugar al cine, a las artes plásticas, a la escultura, a la poesía, un espacio que fomente eso, que permita que toda esa efervescencia cultural que hay en Mar del Plata —que la hay, y mucha—, esas inquietudes, tengan un lugar de desarrollo. Realmente no los tienen, no hay ningún tipo de gestión en cultura en Mar del Plata que se interese por eso. No hay un secretario de Cultura que diga… Yo no sé cómo es la repartición política, pero supongo que decís: “Bueno, soy secretario de Cultura, hablo con los interlocutores válidos, con la gente de cada una de las artes, veo en qué se puede ayudar, qué puede ofrecer el municipio…”. La verdad es que no hay eso, ni tampoco parece haber interés de que se ponga en marcha.

AB: De hecho, justo nombrabas el Hugo del Carril en Córdoba, que es tremendo, porque no es solamente una sala de cine. Por ahí ese sería mi principal reparo con el Select en La Plata: que, más allá de que está en un espacio cultural muy amplio, que es el Pasaje Dardo Rocha, tiene una dinámica muy de entrar a la sala, salir de la sala y fin. En verdad, sería muy bueno que hubiera más espacios como el Hugo del Carril a nivel nacional, más allá de que también el Hugo del Carril existe por una fuerte militancia de parte de algunas personas, y si hubiera dependido históricamente solo del municipio, tal vez no sería lo que es hoy. Pero es un espacio donde se entiende al cine como algo que va más allá de la proyección de películas, donde hay también una videoteca, una biblioteca, salas para dar charlas, espacios de encuentro entre los cinéfilos, entre las personas que van a las proyecciones… Y eso es realmente una apuesta que va un poco más allá. Yo a nivel nacional no conozco otro lugar de esas características, donde sentís que estás en un lugar donde se vive y respira cine constantemente. Me parece que es muy importante en términos de la posibilidad de construir proyectos, de construir un diálogo con otras personas, en términos educativos… Realmente es fantástico.

CM: Sí, claro. Uno espera que las personas que están a cargo del área por lo menos tengan un conocimiento y un interés genuino en el tema. Y también creo que sería saludable para la permanencia de esos espacios que, de alguna manera, la ciudadanía en general los tome como espacios de encuentro y de interés para toda la ciudad. Muchas veces lo que pasa con esos espacios es que, si están muy ligados a lo político partidario, no perduran, porque quedan identificados con uno, después el otro que entra lo quiere tirar abajo porque lo toman como un foco de militancia, y así se empioja la discusión. Me parece que tendría que haber un espacio donde se diga: “Bueno, esto es de todos, nos gusta a todos, todos queremos acá presentar películas”. Desde la biblioteca de cine Dynamo, nosotros armamos la primera biblioteca de cine en Mar del Plata. Tenemos ya el Cineclub Dynamo, donde hacemos funciones por lo menos dos veces por semana, una de esas dos veces en formato fílmico, en una sala muy linda con capacidad para más de cien personas. Ahora estamos restringiendo el aforo a treinta, pero seguimos con la actividad. Tenemos una colección de afiches, tenemos una colección de las revistas Cuaderno de Cine, que se editaba en Mar del Plata en los años 67, 68, 69, con traducciones propias de notas de Cahiers du cinéma, entrevistas a Pasolini, la presentación de la última película de Ermanno Olmi, etcétera. Tenían traducciones y notas de cronistas locales. Un lugar como el que vos decís, que también creo que es único, lo que permite es que todo el campo de la cultura del cine se amplíe; que no solo haya gente que hace películas, actores y actrices. En el Cineclub Dynamo tenemos una colección de afiches de Artkino, todos los afiches de la Unión Soviética que venían a nuestro país en los sesenta, setenta, ochenta… Yo no quiero ser un tipo solo, consiguiendo de acá para allá; me encantaría que todo ese material tenga un espacio en el cual desarrollarse, lucirse, ponerse en valor. Seguramente haya muchísima gente acá [interesada en participar de un proyecto así]. Hace falta que esté el espacio y la voluntad política para que esto crezca y para que mucha gente… Encima lo loco es que hay interés en ver estas cosas, en conocerse, en empezar a escanear todo el material gráfico que no está en ningún lado de las cosas que se hacían, de los cines de Mar del Plata, del cine Nogaró, del cine Diagonal. La verdad es que creo que es una oportunidad buenísima para hacerlo y, lamentablemente, no se ve voluntad política para que eso se concrete. 

Cineclub Municipal Hugo del Carril (Córdoba)

AB: Muchos amantes del cine, cinéfilos, posiblemente le dedicarían tiempo y energías por motivos que no tienen que ver con lo económico (aunque siempre es bueno que esas cosas sean remuneradas). Con un poco de impulso político, un poco de impulso de las personas a cargo de la gestión, [estos proyectos] ya se pueden ir construyendo cuando hay gente interesada. En relación a Mar del Plata, si bien yo ni vivo allá ni soy un conocedor particular, sí me ha pasado de ir al festival de cine y ver que hay muchísima gente que son vecinos… digamos, no es un festival al que va solamente gente de Buenos Aires o de otras ciudades. Está lleno de vecinos de Mar del Plata que van al cine, que les encanta. Creo que fue yendo al Festival de Mar del Plata que me empezó a resultar tan patentemente claro que uno de los motivos por los cuales va poca gente al cine en general es que hay muy poca oferta y los precios son muy altos. Cuando tenés proyecciones, una gran variedad de proyecciones que llaman la atención del espectador promedio, que realmente resultan convocantes y están a precios más o menos accesibles, cambia muchísimo la relación con el cine y con la cultura en general. Con los libros pasa muy parecido. Son cosas que parecen un poco obvias…

CM: Sí, completamente de acuerdo: el público marplatense acompaña mucho al cine. El Festival de Cine de Mar del Plata, paradójicamente, es muy injusto con Mar del Plata. Es una ciudad a la cual viene gente de afuera, y el festival ocupa gente de afuera para muchas cosas que se podrían hacer con gente de Mar del Plata. Y a la vez los jubilados, que son una parte importante de la población de Mar del Plata, pobres, van de acá para allá sacando todas las entradas que pueden y que consiguen… Es un público olvidado porque, con estas nuevas formas de sacar entradas por internet, se les complica mucho más, y vos los ves de acá para allá y te los cruzás en todos lados, en todas las colas. Hay gente, claro que hay gente. Como decíamos antes: si la oferta cultural está, vamos a ver que la gente aparece. Si la oferta cultural no está, no lo vamos a poder comprobar nunca.

IB: Para volver un poco al San Martín, queríamos preguntarte cómo fueron los últimos años del cine hasta ahora: ¿en qué estado estaban las cosas antes del incendio, por ejemplo?

CM: Los últimos años, el San Martín estuvo completamente abandonado. Por eso tampoco creo que haya que demonizar a una empresa privada que va y, no sé, hace un edificio ahí. Antes hay que empezar a pensar qué es lo que permite que esas condiciones estén dadas, que no haya desde el municipio el interés de recuperar esos edificios y que las cosas estén dadas de tal manera que para muchas empresas sea un buen negocio comprar casas antiguas y construir edificios carísimos. Porque tampoco vienen a solucionar un problema habitacional, tampoco estamos hablando de vivienda social, ni estamos diciendo que tiramos un chalet de piedra Mar del Plata para que viva gente que no tiene acceso a la vivienda. De hecho, Mar del Plata es una ciudad con mucha pampa; dos o tres kilómetros hacia allá las grandes empresas constructoras podrían comprar terrenos y hacer esos edificios. Pero, claro, los quieren acá. Y hay mucho patrimonio urbano que está en esa situación, que se está viniendo abajo, y muchos marplatenses lo vemos y no está el interés de que eso se proteja de verdad. Llama la atención, parece un desprecio por un patrimonio urbano divino. Y no es de esta gestión solamente, las distintas gestiones siempre se han comportado así. El negocio de la construcción hace que cada vez haya menos luz, menos aire en Mar del Plata… Es lamentable. Por eso digo: en relación al San Martín, abandonado hace muchísimos años, no es que ahora podemos decir “qué empresa demoníaca la que hace esto”, porque si no era esta empresa era otra. Por ejemplo, ahora se habla de edificios sustentables; pudiendo recuperarse, pudiendo mantenerse lo que hay, ¿cuán sustentable puede ser tirar algo abajo y hacer algo completamente nuevo? Pienso que desde el municipio, con poder político y con voluntad, esas cosas se pueden gestionar distinto. Un poco esta reacción intempestiva de hablar del incendio del San Martín era para tratar de generar una masa crítica en ese sentido.

AB: ¿Y sabés de algún tipo de movimiento, ya sea ahora o en otro momento, que haya intentado abrir discusiones, movilizar o generar algún tipo de conciencia en pos de la recuperación del patrimonio vinculado a las salas de cine? Por ejemplo, en La Plata sé que, en el marco de la recuperación de la carrera de cine después de la dictadura, también se daban discusiones en relación a la recuperación del cine Select, que a partir de esos años había sido cerrado, y que se reabrió recién en el 99. Y entre los ochenta y comienzos de los noventa hubo varios docentes y cineastas de acá de la ciudad, como Carlos Vallina, que a la par de la militancia en pos de la reapertura de la carrera de cine también se movilizaban para que se reabriera la sala municipal Select. No sé si en Mar del Plata hay alguna experiencia en esa línea.

CM: Yo viví veinte años en Buenos Aires. Durante mucho tiempo estuve físicamente ausente de Mar del Plata, y hace cuatro años que regresé y me empecé a meter mucho en el ambiente cultural, con lo cual la perspectiva que puedo dar en ese sentido es muy limitada. Ahora, sí puedo mencionar la tarea quijotesca de Rubén Viaro con su libro Aquellos cines de Mar del Plata, en el cual pasa revista de muchos cines de Mar del Plata con fotos y material gráfico. No creo que haya habido un movimiento unido, digamos, que haya militado por los cines en particular. Por lo menos yo no lo sabría. Sí hubo muchas voluntades aisladas, pero todavía [no ocurrió] nada: mientras haya cines en pie que no los hayan tirado abajo, creo que por lo menos está la posibilidad de que nos juntemos, decir “a más de cinco nos interesa”, y que alguien le ponga atención al tema.

IB: ¿Y cuál fue la repercusión del incendio en Mar del Plata, o en el mundo cultural de allí?

CM: Por un lado, mucha bronca; por otro lado, decir “qué previsible”, u “otra vez”. Eso: creo que la reacción fue “¿otra vez? Pará, ¿es joda esto?”. Yo quiero ser muy cauto; sí quiero decir que hay muchas sospechas de que pueda haber sido un incendio intencional. Voy a decir eso. Hay muchas sospechas, y lo puedo comprobar por la gente con la que hablé. Ahora: hay una investigación en curso, no hay ningún indicio como para decir que fue intencional todavía. Me permito dudar de esa investigación, ¿no? Porque si eso lo cedió el municipio para una empresa constructora, la comisión la harán, supongo, partes del municipio o la empresa constructora. No hay un ente que se meta ahí, digamos, de oficio, y diga “¿qué pasó acá?”. Creo que es el municipio mismo, tengo entendido, quien hace la investigación. Con lo cual, de alguna manera tiene responsabilidad, supongo, porque si no, pensemos: vos le das un edificio —o alguien, aunque sea una relación entre privados— a una empresa para que haga algo ahí, donde hay un patrimonio histórico muy importante, que son los murales de Juan Carlos Castagnino (esto no lo habíamos mencionado)… Acá abro un paréntesis para explicar una situación.

El viejo cine San Martín, su frente, no era patrimonio histórico. Y acá también habría que preguntarse: ¿pero cómo no era patrimonio histórico un frente de piedra Mar del Plata con un hermoso techo a dos aguas, con las letras en estilo de cine San Martín? Bueno, como para pensar y replantearnos qué tiene que entrar en el patrimonio histórico y por qué no estaba.

Cineclub Dynamo

Tema de lado, ese. Ahora: los murales también estaban ahí, y uno puede preguntarse: bueno, pero si esta era la empresa que tiene que encargarse y que va a hacer un edificio ahí, que va a lucrar con eso, y tenía que cuidarlo… ¿cómo es? O sea, ¿vos lo tenés que cuidar, y se te quema? ¿Se te incendia? ¿Se te incendia un edificio? Me parece que, desde todas las consignaciones de esta noticia que yo vi en Mar del Plata, no noté que ningún medio local de los importantes se cuestione esto. Pero uno se lo cuestiona. ¿Cómo puede ser que vos le das el edificio para que haga algo ahí, un edificio histórico con unos murales de Juan Carlos Castagnino que estaban siendo restaurados, y que se les incendie? 

Me parece que faltan esas preguntas; falta ser incisivos con eso y con muchas cosas similares. No sé si se enteraron: hace poco aparecieron, en una estancia en las afueras de Mar del Plata… se habían robado una estatua de metal, pesadísima, importante, difícil de llevar, de la plaza que está frente a la municipalidad. Estamos hablando de Mar del Plata, una ciudad importante, no un pueblo, no es que tiene una manzana central y viene el campo. Se la llevaron; hay una investigación, y la encuentran en una estancia en las afueras de Mar del Plata. En esa instancia encuentran, además, campanas. Encuentran un montón de cosas que también pertenecían en parte al patrimonio urbano, en parte a casas. Y llegan a este lugar. Ahora, yo también me pregunto: ¿hubo una investigación? No sé, ¿cruzaron llamadas?, ¿buscaron las cámaras?, ¿con quién se junta esta gente? Es como que se siente una desidia del tema, y siento que los medios locales no acompañan. Uno esperaría, capaz, que [haya] un periodismo de investigación que se pregunte por esas cosas, que reclame esas cosas… No sé, cruzar los llamados de esa persona que tenía en esa estancia todo ese patrimonio y una estatua, de vuelta, que se la afanan de una plaza en el medio de la ciudad, en una camioneta. Pesa pero una tonelada eso, no se lleva fácil. No es algo que pasa un ciruja y se lo lleva en bicicleta. Estaría bueno que haya esa preocupación, que los medios digan ¿te parece normal esto?, ¿te parece que se pueden llevar estas cosas, que pueden estar en una estancia, que se vendan a privados, que nadie lo investigue? ¿Qué responsabilidad le cabe al municipio acá? Algo que ver tiene eso, cuidar las cosas, ver qué pasa con su patrimonio. Acá cerca está el Hotel Lafayette. Divino. Construido en madera… patrimonio histórico. Mucho tiempo abandonado; desaparecen las aberturas. Entonces se meten gatos, perros, personas. Duermen. Guano de paloma, de murciélago, ratas, etcétera. O sea, con las aberturas que desaparecen se mete la naturaleza, y el Hotel Lafayette es irrecuperable, porque después va una comisión y dice “che, esto es irrecuperable”; ya no es más patrimonio urbano; se lo tira abajo; viene una empresa y te construye un edificio ahí. Evidentemente están esperando que estos lugares se vengan abajo, [para que así] los despatrimonicen —en algunos casos ni siquiera estaban patrimonizados, como estábamos hablando del frente del cine San Martín. De vuelta: personalmente, quiero llamar la atención sobre el tema.

AB: Sí, porque de hecho es una forma de abrir la puerta también a negociados inmobiliarios millonarios. Hay un montón de terrenos sumamente atractivos para construir grandes edificios, y la desidia va de la mano de ese tipo de cosas. El Estado siempre está ausente para algunas cosas, y para otras está muy presente. Acá hay desidia, pero por otro lado siempre hay actores económicos que salen ganando fuertemente. Entonces para algún lado siempre se está jugando.

CM: Y es una lucha muy desigual, porque esos actores económicos son también los que pautan en la prensa. Acá hay medios que nacieron como medios independientes, que tienen un sector que está directamente dedicado a la venta inmobiliaria. Un tipo de publicidad encubierta que son también quienes pautan muchas veces en los medios. Hay un negocio muy grande, y se trata en definitiva de un círculo vicioso, porque es cada vez más difícil con los impuestos municipales mantener una casa de estas. Estos emprendimientos, que sin duda mueven mucho dinero, además de cambiar la fisionomía de la ciudad… Porque la verdad es que está buenísimo tener una de estas casas, o varias, en las manzanas: son pasajes de luz, pasajes de sol… hacen que la ciudad se vea un poquito más amena, más a escala humana. Te dan ganas de caminar por la calle. Es mucho lo que cambia, y lo que cambió Mar del Plata.


Foto 1: Tomada de Qué digital.

Foto 2: Prensa La Plata.

Foto 3: Tomada de Pulso Noticias.

Foto 4: Tomada de DeCultura.net.

Fotos 5 a 8: Santiago Balbuena.

One Comment

  • Muy linda nota. Cuanta nostalgia nos trae el ver la ya desaparición de esos espacios donde nos acercábamos aquellas tardes para apreciar tantas peliculas. Me llamo Fredy Viaro autor del libro Aquellos Cines de MdP Cronología histórica 1900-2000

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